BELCEBÚ

Belcebú, también conocido como Beelzebub, es un personaje presente en diversas tradiciones religiosas y mitológicas, siendo más conocido en la demonología cristiana. A lo largo de la historia, su imagen y atributos han variado según las distintas culturas y creencias. El nombre Belcebú tiene sus raíces en la antigua Canaán, donde era conocido como Baal Zebub, que significa «Señor de las Moscas». En algunos relatos bíblicos, se le menciona como una deidad filistea, considerada como un dios de la curación y la protección contra enfermedades. Originalmente habría hecho referencia a Ba’al Zebûl, es decir, “Señor de la casa”, modificado por los masoretas (eran grupos de eruditos judíos que trabajaron entre los siglos VII al X con la responsabilidad de hacer copias fidedignas de las Sagradas Escrituras), como forma de burla del ídolo y sus adoradores.

Con el tiempo, especialmente en la tradición cristiana, el nombre Baal Zebub fue asociado con el demonio y considerado como una de las principales figuras infernales. En esta concepción, Belcebú se convirtió en una entidad maligna y diabólica, identificada con Satanás o el diablo. En el contexto de la jerarquía infernal, Belcebú a menudo ha sido considerado como uno de los príncipes de los demonios. Su posición exacta dentro de esta jerarquía puede variar en diferentes tradiciones y textos ocultistas. Algunos lo colocan como un alto demonio en el mismo nivel que Lucifer y Astaroth, mientras que en otras fuentes puede ser descrito como un subordinado de Lucifer.

Las descripciones de Belcebú en sus formas alegóricas toma a veces una apariencia colosal. De rostro hinchado, coronado con una cinta de fuego, cornudo negro y amenazante. Así como peludo y con alas de murciélago. En la literatura cristiana se empleó para designar al Príncipe de los demonios de acuerdo a la antigua costumbre hebrea de representar deidades ajenas en forma maligna. En el Testamento de Salomón se dice que Belzebú fue esclavizado por el Rey Salomon y bajo su mando, el rey dispuso de todos los demonios que Belzebú tenía a sus órdenes debían construir el templo de Jerusalén. Y cuya orden obedecieron.

Los poderes y armas de Belcebú también pueden variar según las interpretaciones. En algunos textos ocultistas, se le atribuyen diversos poderes demoníacos, como la capacidad de corromper a las personas, inducir enfermedades o influir en sus pensamientos. Como pueden observar un dios filisteo de la curación se transforma luego de la caída de este pueblo, en un demonio. Luego la tradición judía recoge y lo dota de lo opuesto de lo que poseía como dios, es decir la peste y la podredumbre. Como la enfermedad y la muerte.

Respecto a sus armas, esto suele depender de la tradición o el autor que esté describiendo a Belcebú. En algunas representaciones, se le muestra con una lanza o una espada, mientras que en otras puede utilizar artefactos más simbólicos, como un cetro o una vara de mando, ya como príncipe infernal o general de las huestes demoniacas. En la literatura y el arte, Belcebú ha sido representado de varias formas, a menudo como un demonio con aspecto grotesco y maligno, rodeado de moscas o insectos.

“Príncipe de los dioses falsos” según Francis Barret y demonio asociado al pecado mortal del orgullo para Michaelis Sebastien, fue en su pasado angelical un miembro de la orden de los querubines y es en el presente uno de los siete príncipes del infierno, el príncipe que representa la gula según la versión de Peter Binsfeld. No obstante, para algunos de los que sostienen las teorías del Triunvirato Infernal, Belcebú está entre los tres grandes. Para el exorcista del siglo XVII Michaelis Sebastien, Belcebú es uno de los tres ángeles caídos más importantes junto con Lucifer y Leviatán mientras que para dos obras ocultistas del siglo XVIII Belcebú conforma, junto con Lucifer y Astaroth, la llamada “Falsa Trinidad”. Según la ocultista del siglo XVI, Johann Weyer, Belcebú (quien para la autora comanda la Orden de la Mosca) dirigió una exitosa rebelión contra Satanás (aunque esto no parece ser cierto) y llegó a ser el lugarteniente (el segundo al mando) de Lucifer. En la demonología antigua lo consideraban como un personaje que estaba después del rey del infierno. Esta figura gobernaba el Este como un gran duque infernal que comandaba 66 legiones de demonios. Durante el período puritano inglés, Beelcebú era comparado con Satanás y, de acuerdo a los estudios de Francis Barrett, tenía el poder de hacer invisibles y astutos a aquellos que lo invocaban.

Según la versión de los inquisidores, Belcebú era el señor y maestro en los Sabbaths de las brujas. En su nombre se negaba a Jesucristo, en los pedazos de pan que daban durante la eucaristía de aquellas misas negras, estaba grabado el sello de Belcebú en lugar de la cruz del Salvador. Se sabe así mismo que las brujas cantaban “Belsabub goity, Belsabub beyty” (“Belcebú arriba, Belcebú abajo”) y que luego formaban un semicírculo en torno al altar, se tumbaban en el suelo, tragaban los trozos de pan con asquerosas pócimas y luego esperaban la llegada de Belcebú, el cual se complacía en fornicar con todos los participantes dentro de una salvaje orgía. Un caso que vale recordar es el de la Hermana Madeleine de Demandoix del Convento de las Ursulinas (Francia), quien en el siglo XVII fue poseída por Belcebú, teniendo por ello visiones de sodomía y canibalismo y frecuentes impulsos que la llevaban a retorcerse en el suelo exponiendo lascivamente sus órganos genitales en público. En algunos escritos se le asocia con la cabra sabática y una deformación del dios Pan, o de sus acólitos los sátiros. De una manera u otra su nombre fue salvado del olvido al aparecer en más de una oportunidad en la biblia. Para muchos especialistas en demonología es sinónimo de peste y un muy difícil demonio de erradicar si posee a una persona.


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