En las brumosas colinas de Irlanda, los bosques escandinavos y las profundidades de la selva amazónica, habitan uno pequeños seres que despiertan nuestra imaginación y curiosidad. Nos han acompañado por todo el largo y ancho de la historia humana. En la Roma imperial, en la China de los Mongoles, en las Américas después de la conquista española. Le conocemos por el nombre de duende, aunque tiene muchos más, dependiendo de la parte del mundo donde habitan.
Los duendes son criaturas mítico-mágicas de tamaño pequeño que están presentes en el folclore de muchas culturas. Su nombre proviene de la expresión (en Castilla y León) “duen de casa” o “dueño de casa”, o bien del árabe “duar de la casa” (que habita o habitante). Por la peculiaridad de estos seres de “apoderarse” de los hogares humanos y encantarlos. En España define a un tipo de ser sobrenatural equivalente al goblin europeo.

Son relacionados algunas veces con la Hadas, y no forman parte de la tradición cristiana ya que se les puede rastrear muchos siglos antes de la presencia del cristianismo en Roma. Se les describe físicamente, como personajes antropomorfos de baja estatura que no supera el metro. Con largas orejas puntiagudas y piel verdosa. Se caracterizan por ser seres elementales, cuidadores de la naturaleza y del bosque. Una de sus características más relevantes, es que son muy escurridizos.
Posee poder mágico y conocimiento sobrenatural. Despliegan generalmente una personalidad bromista y maliciosa, por el cual son culpados de todo tipo de daños menores en el entorno doméstico o rural. Según esta definición, serían considerados un tipo de duendes los gnomos, los trasgos, el tomte sueco, el pombero de Sudamérica, el poltersgeist alemán y el muy conocido leprechaun irlandés.
Este tipo de creencias ligadas a los hogares, eran muy comunes por todo el Imperio Romano debido que en su panteón de dioses, en los escalafones más bajos y cercanos a las personas se encontraban los dioses menores, conocidos como lares o genius loci (espíritus protectores del hogar). Estos habitaban una casa a la que estaban ligados (por ser un ancestro heroico o encomendados a una familia en particular) con la función de protegerla. A veces estaban asociados a la familia que construyó la casa o que la habitó desde que fue construida, esto explicaría su frecuente relación con los fuegos del altar familiar u hogar, los calderos o las alacenas.

Luego habría que agregar la influencia celta y germana que rescatan historias de espiritus de la naturaleza que pueblan los bosques cercanos a los asentamientos humanos. Los pueblos eslavos tienen una larga tradición con los domowik (protectores de los hogares). El folclore europeo no es el único que los enuncia. En Japón existen unas criaturas parecidas, llamadas zashiki-warashi. Su función no es solo de protección también se encargan de la buena fortuna, la prosperidad y la felicidad del hogar. Existen en oriente medio lo djinn de los pueblos semíticos poseen características muy parecidas, sin embargo, la malicia es su característica más destacada. Para los escépticos su origen es muy elemental, explicar los ruidos desconocidos que se producen en las alacenas, sótanos o habitaciones cerradas de las casas, casi siempre debidos a la presencia de pequeños roedores o depredadores en busca de alimento.
Hay una leyenda muy conocida sobre “gente pequeña”, descritos por el párroco escocés Robert Kirk. La creencia de los duendes está especialmente arraigada en las Islas Británicas. El alquimista y médico suizo Paracelso (1493-1541) escribió sobre numerosos tipos de criaturas ni humanas ni divinas en su grimorio Philosophia Occulta. Los nombro genéricamente como elementales y los clasifico según cada elemento. Gnomos para los pertenecientes al elemento tierra, ondinas si pertenecían al agua, silfos si pertenecían al elemento aire y salamandras si eran del elemento fuego.

Los duendes corresponderían a los gnomos y silfos. Habitan mundos propios no muy alejados del nuestro, aunque invisibles para nosotros. Nuestros sentidos son poco sutiles, poco desarrollados y por tanto no aptos para observarlos. Sin embargo, todas esas criaturas, según Paracelso, tienen en común ser seres interdimensionales y atemporales. Viven en comunidades jerarquizadas, son invisibles para los hombres, pero no para algunos animales y niños. Son juguetones, tramposos y enormemente interesados en algunos aspectos sexuales de los humanos, a quienes a veces raptan cuando son niños. Viven muchos más que los hombres, pero sin llegar a ser inmortales, unos 500 años o más, éticamente neutros, inteligentes y les aterroriza el hierro y el acero.
Es tal la cantidad de variantes de duendes que existen por el mundo (y muchos ni siquiera catalogan en lo dicho por Paracelso) por lo que nos vamos a limitar, a los universalmente más populares. Uno de los tipos más reconocidos en la actualidad es la del Leprechaun proveniente de Irlanda. Muy popular durante las festividades de San Patricio. La imagen moderna del leprechaun, es la de un hombrecillo barbado bajo, de aire alegre y a veces gruñón. Vestido con atuendos de color verde, aunque en las leyendas folclóricas irlandesas su carácter era menos afable y solían vestir con ropajes rojos. Hay infinidad de historias sobre ellos y una muy conocida es la siguiente:

“En las verdes colinas de Irlanda, vivía un hombre llamado Seamus, conocido por su astucia. Un día, mientras caminaba por el bosque, se topó con un pequeño leprechaun, vestido con ropas de verde brillante. Seamus, perspicaz y codicioso, inmediatamente capturó al duende y exigió saber dónde se escondía su legendario tesoro, la olla de oro al final del arcoíris. El leprechaun, tras algunas maquinaciones, finalmente reveló la ubicación de su tesoro. Seamus, emocionado, lo soltó y se dirigió apresuradamente al lugar señalado. Pero al llegar al arcoíris, descubrió que, en lugar de oro, solo encontró otra arco íris, y otro, y otro. Seamus había sido víctima de la astucia mayor del leprechaun, quien lo había llevado a un lugar donde los arcoíris parecían formar un círculo infinito. Incapaz de encontrar el tesoro, Seamus regresó a casa, aprendiendo una valiosa lección sobre la avaricia”.
En el folclor escandinavo también hay varios tipos de duendes. Los duendes escandinavos se encuentran asociados al solsticio de invierno. En la actualidad, con la Navidad, como la mano de obra mágica de Santa Claus. Su apariencia moderna es la del arquetípico duende de jardín. Diminutos, ataviados con ropajes de colores brillantes, sombreros cónicos puntiagudos y una barba larga. En las tradiciones folclóricas escandinavas se les describe como hombres viejos y pequeños vestidos a la usanza rural campesina, de carácter voluble, a veces alegres y traviesos, otras veces iracundos y vengativos, que tienen la capacidad de volverse invisibles o tomar diversas formas. Reciben diversos nombres según el país: tomte en Suecia, nisse en Noruega y Dinamarca, y tonttu en Finlandia. Su presencia es frecuente en la literatura escandinava, como en los cuentos de Cristian Andersen.

“En la exuberante selva amazónica, un grupo de cazadores decididos se aventuró en el bosque sin pedir permiso al chaneque, el espíritu protector de la naturaleza. Los cazadores ignoraron las advertencias de los lugareños, creyendo que eran solo supersticiones. A medida que avanzaban por el bosque, los cazadores comenzaron a perderse en un laberinto de árboles y riachuelos. Los ruidos extraños y los susurros misteriosos los acosaban. Pronto, se dieron cuenta de que estaban atrapados en un mundo de ilusiones creadas por el chaneque. Desesperados y arrepentidos, los cazadores finalmente comprendieron su error y se disculparon con el espíritu del bosque. Satisfecho con su humildad, los liberó y los guió de regreso al camino seguro. Esta experiencia les dejó una profunda lección sobre la importancia de respetar la naturaleza y sus guardianes mágicos”
Por ultimo tenemos al Cheneque americano, un espíritu protector de la selva y sus animales. Estos son entidades del inframundo que pueden cambiar de forma según sea la necesidad, de las cuales destaca el de pequeño hombre o mujer, dejando huellas blancas. Se caracterizan por ser muy mentirosos. Estos seres habitan los bosques y las selvas, cuidan de los manantiales, los árboles y los animales silvestres En la actualidad, en México, los chaneques son espíritus traviesos, con aspecto de niños, que esconden cosas y se le aparecen a la gente distrayéndolos para hacerles perder el camino o desaparecerlos. Una creencia popular era que para evitar que los chaneques atraparan o se llevaran a las personas, se debía usar la ropa al revés al andar solo por el monte.
Así que, si de noche escuchas algún ruido extraño, o las cosas están fuera de lugar o tus mascotas miran al vacío, podrías ser víctima de un duende bromista. Se amable y agradece su visita y veras que todo prontamente se calma.

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