Si viajásemos al pasado hace más de cinco mil años y nuestro destino fuese el cercano oriente, veríamos muchas costumbres, hábitos y cosas ya olvidadas por la humanidad. Dependería en última instancia de lo que estuviésemos buscando. Aquí en Montevideo Tarot nos interesa las costumbres asociada con la vida espiritual de nuestros antepasados, lo que adoraban y sus creencias.
Elegimos Oriente medio porque es la cuna de la civilización occidental. La escritura, las primeras ciudades (perdurables en el registro arqueológico) se encuentran aquí. Es de señalar que la antropología, la arqueología y la paleontología, tres ciencias que estudian el pasado afirman (hasta que se encuentre nueva evidencia) que el ser humano se originó en África, migro a través de la península arábica, hacia Europa y Asia en varias oleadas, en diferentes momentos en un lapso temporal de más de 170.000 años.
Es por este motivo que las fértiles llanuras del Éufrates y el Tigris fueron muy tentadoras para aquellas personas que buscaban un territorio estable donde establecerse. Y así lo hicieron. Construyendo sus poblados en barro primero y luego en roca. Y por qué les cuento esto, porque en África es donde sería lo más lógico encontrar a las primeras ciudades, pero no se las encuentra. Eso se debe al que el material preferido de construcción, el más abundante, era la madera, la caña y el barro. Los asentamientos no dejaron una huella perdurable como para medir su tiempo histórico. Además, muchos, de los pueblos africanos eran nómades. Seguían a las grandes manadas de animales en sus migraciones.

Volviendo a Oriente Medio, la necesidad de proteger las cosechas de los pueblos agrícolas de los pueblos errantes dio origen el vallado. Que luego se convirtió en muros de piedra. La roca es abundante en la región y deja un rastro arqueológico perdurables. La primera ciudad que se tiene registro arqueológico firme fue Ur de Caldea o Uruk. Sus restos se encuentra a unos 200 km de la Bagdad en Irak. Están sus ruinas en la ribera oriental del río Éufrates.
No quiero aburrirles con estos detalles, pero son importantes para darles el contexto temporal y espacial ya que fue fundada a mediados del cuarto milenio antes de cristo, es decir 5.500 años en el pasado. Uruguay como nación va a tener 200 años en el 2030 cuando se conmemore la firma de la constitución, América fue descubierta oficialmente por Colon hace 530 años, extraoficialmente por los vikingos hace 1100 años. Cristo murió en Jerusalén hace 2000 años. Para ese entonces Uruk ya tenía, 3500 años de historia.

Y ese es, nuestro destino elegido. Concretamente su principal templo que se asemeja mucho a una pirámide escalonada. En este edificio se adoraban a sus deidades principales, las cuales lógicamente eran una deidad masculina y otra femenina. Como se repetirá a lo largo y ancho del mundo (con algunas raras excepciones)
La diosa en cuestión era conocida como Ishtar o Innana para los sumerios. No era su único nombre ya que su presencia fue hegemónica y absoluta en la región por cientos de años, posiblemente miles. La principal diosa de Mesopotamia. En Cannán se la conocía como Asera la esposa de ËL de caldea. La Biblia la registra como Astarté. Así era conocida en la antigua Fenicia y todas las regiones que se nombran en el viejo testamento.
Se la nombraba como Reina del cielo y Madre de la tierra. Su influencia fue perdurable y palpable a lo largo de los siglos influyendo claramente en otras diosas de otras naciones. Como a la Afrodita griega o a la Isis egipcia. Su nombre también nos llega asociado con otras entidades como Astarté, Astaroth, Esther, Hécate o Lilith. Y si le suenan esos nombres asociados a súcubos (demonios femeninos) o diosas del inframundo, es porque las nuevas religiones tienden a demonizar y erradicar a las viejas.

Aunque desde la perspectiva actual sería considerada de igual manera, ya que esta poderosa diosa mesopotámica era todo menos recatada y tranquila. Era ante todo era un poder de la naturaleza. Para sus seguidores y sus costumbres, uno de los pilares de la sociedad en que vivían. Sin embargo, ha sido totalmente olvidada, salvo en los textos de historia. No tiene la presencia cultural que tienen otras diosas antiguas como Isis, Hera o Freya. Para entender el porqué de esta curiosa situación debemos conocer su historia.
No se sabe quién es el padre de Ishtar, o mejor dicho hay dos posibilidades. Unos afirman que era hija de Sin dios de la Luna. Otros que su padre era el propio Anu. Dios supremo creador de las constelaciones y de los ejércitos. Su madre fue Ningal la luna. Esta dualidad de padres le conferían un carácter caprichoso y cambiante (por las fases lunares) y un espíritu combativo a ser tomado muy en cuenta. No en vano era la diosa, a la que los soldados le rendían culto. Hermana gemela de Samas, el dios del Sol. Ambos hermanos menores de la pavorosa Ereskigal, diosa del inframundo.

Ishtar poseía una belleza “divina”, la cual cautivaba a dioses y mortales por igual. Por aquella época los dioses y diosas cohabitaban con los humanos engendrando semidioses, héroes y ocasionalmente algún que otro monstruo. Ishtar no era la excepción sin embargo, todo aquel que tenía contacto con ella salía de una u otra manera herido de esa relación. Es la contra cara femenina de la diosa Ki o incluso de Ereskigal, las cuales son modelo de refugio y consuelo materno.
Por primera vez se adoraba un ideal, una acción vital, la mujer libre y sin ataduras. Poderosa y que no cedía. Es quizás por esas cualidades, que al pasar el tiempo se le agregaron otros atributos, con la intención de mantener a las mujeres a raya sin cuestionar el liderazgo masculino. Es justamente en este lugar y tiempo que el poder que dan las multitudes se empezaba a sentir. En Uruk se calcula que vivían a sus inicios entre 40.000 a 50.000 almas, un numero increíblemente alto para la época.

Se decía que era un poco histérica y de humor cambiante, licenciosa, con varios amantes. Que su hijo fue concebido fuera del matrimonio, etc. Todas recolectadas de fuentes muy posteriores, entre ella la Biblia. Para los sumerios, el matrimonio jamás tenía que ver con el amor, sino con la perpetuación del poder. Lo tenían muy claro desde los reyes hasta los campesinos. Se casaban para aumentar las propiedades y de esa manera asegurar la sobrevivencia de la familia, o del grupo humano de pertenencia. Las festividades de Ishtar en Ur y otras ciudades posteriores en el tiempo se caracterizaban por ser fiestas orgiásticas que dejaban chiquitas a las bacanales romanas. Eran fiestas de fertilidad y la abundancia.
Ishtar era considerada por los babilónicos como la diosa del amor, la guerra, la vida y la fertilidad, Su primer amor fue el dios Tammuz dios de las cosechas y de los pastores. Según se cuenta en la epopeya de Gilgamesh no le fue nada bien. Resulta que Tammuz era mortal y su compañero eterno era Ningizzida señor/a del Arbol de la vida, ambos custodiaban las puertas del cielo. Para asegurarse la divinidad Tammuz se casó con Ishtar convirtiéndose en dios. Pero resulta que su trato no era lo suficientemente cariñoso para con la diosa del amor, pasando mucho tiempo con su amigo Ningizzida que era homosexual. Algo que no escandalizaba a nadie en la vieja Uruk. Aunque si molesto a Ishtar en su orgullo femenino al ver que prefería su compañía a la de ella.

Lo soluciono de una manera que muchos pensaran cruel y otros que fue demasiado compasiva, lo desterró al infierno. No por siempre, solo seis meses al año. Es por eso todo el tema del otoño y el invierno, el dios de las cosechas y los pastores se ausentaba ese tiempo. Y la naturaleza toda sufría de sus consecuencias, hasta la primavera donde volvía a custodiar las puertas celestiales con su eterno amigo Ningizzida. Hay que tener en cuenta la fuente de tal historia, ya que el propio Gilgamesh desprecio a Ishtar a la cual le tenía poco aprecio, pero esa es otra historia.
Otra fuente nos cuenta otra cosa totalmente diferente y ustedes decidan cual les gusta más. Su primer esposo fue su hermano Tammuz (que no era mortal). Al morir, (al parecer por los saqueadores del inframundo) Ishtar decide ir al averno y arrebatárselo de las manos de su hermana mayor. La terrible esposa de Nergal el dios de los infiernos, Ereskigal la que tenía el poder sobre la vida y la muerte.

Dejo instrucciones precisas a su fiel sirviente Papukkal de que fuera en su rescate si alga salía mal. Ishtar sabía muy bien contra quien se iba a enfrentar. Isthar se dirigió y descendió a la tierra de las tinieblas, Irkalla. El señor del inframundo la dejo seguir, el pavoroso Nergal no tomaría parte en esta desavenencia fraterna. La diosa del amor y la guerra comenzó valiente y desafiante. Gritando al custodio de las puertas infernales que la abriese o ella las echaría abajo. Accedió a dejarla pasar con la condición que dejase una de sus prendas.
Eran siete las puertas que conducían a su hermana, en cada una se vio en la obligación de dejar una prenda. Con cada prenda su poder disminuía. Hasta que llega desnuda, indefensa y altiva frente a Ereskigal que como diosa del averno no se andaba con rodeos o contemplaciones. Simplemente tomo a Ishtar, la mato y colgó su cuerpo en un gran clavo. Su muerte tuvo consecuencias inmediatas ya que el mundo comenzó a languidecer. Es decir, todo contacto sexual cesó así como los nacimientos. Plantas, animales y humanos dejaron de reproducirse.

Aunque Ishtar contaba con un as bajo la manga su fiel Papsukal, que obviamente no es cualquier sirviente es el dios mensajero y protector del panteón celestial. Fue ante los dioses principales y les solicito que creasen un ser capaz de ir en el mundo de los muertos. Con la misión de resucitar a Ishtar con la comida y el agua de la vida. Los dioses accedieron. Se ha perdido en las arenas del tiempo que clase de ser era, como para pasar las siete puertas, evadir o enfrentar a los dioses del inframundo. Pero logro su misión e Ishtar volvió a la vida.
Pero como ya se imaginan tuvo que pagar un precio, nadie baja al inframundo sin pagarlo. Accedieron a liberar a Tammuz con la condición que, durante seis meses al año, Tammuz debería volver al mundo de los muertos, sin falta. Mientras está allí, en el mundo comienza el otoño y le sigue el invierno. Isthar ha de lamentar su pérdida. En primavera, vuelve a salir y todo el mundo se llena de gozo. Historia muy diferentes, algo de esperar en 3000 años de historia, que además cuentan con varias variaciones del tema. Se piensa que la danza de los siete velos fue inspirada en esta historia.

Según Gilgamesh (volvemos a la historia anterior) Ishtar, no hizo mucho duelo por la conducta de Tammuz, ya que le sobraban amantes mortales que languidecían por ella. Cuentan que animales feroces y salvajes se rendían frente a su presencia. Los poderosos toros se comportaban como terneros, los briosos corceles detenían su actividad y bajaban sus cabezas con la esperanza de una caricia de Inanna. Era además una diosa astral, es decir su presencia se la asociaba al lucero de la mañana y del atardecer (el planeta Venus) así como al Sol, a la Luna, y las estrellas reunidas en grupos. Su símbolo una estrella de ocho puntas. Su animal era el poderoso león. Desde entonces este estará siempre ligado al poder (por obvias razones, basta estar frente a ese gran depredador).
En cuanto al ser hija de Anu, era la diosa bélica sin disputa, por eso también se atribuye cierto aire licencioso e de intemperancia. Y de violencia caprichosa extrema de ser necesario (la bajada al inframundo no la hace cualquiera). Protectora de las prostitutas. Se les tenían en alta aprecio en Uruk, consideraban a sus servicios sagrado y necesario, al igual que en Roma, milenios después. Se la representaba desnuda completamente. A veces con sus manos sobre el vientre, a veces sosteniéndose los senos. En otras se le ve con un arco (parecido a Artemisa la diosa cazadora griega) sobre un carro tirado por leones, su manifestación más soberbia e imponente.

Sin embargo, el tiempo es un dios cruel. Se encarga de cambiar las montañas de lugar y la extensión de los océanos. Reduce a polvo las grandes ciudades y borra de la memoria colectiva a dioses y mortales por igual. Nuevas ideas y dioses arribaron o aparecieron en oriente medio. Nuevos pueblos conquistaron a los viejos. Algunas historias sobrevivieron, otras no. Los viejos dioses cayeron y otros surgieron. Hasta el surgimiento del dios único. El monoteísmo hizo su presencia, de la mano de Abraham. Del cual surgirían el pueblo israelita descendiente de Isaac y el pueblo ismaelita descendientes de Ismael. Con el tiempo del pueblo judío, saldría una secta dirigida por el hijo de un carpintero que terminaría sus días en una cruz romana. De la cual resucitaría al tercer día. El dios que no se pronuncia su nombre de los judíos, paso a ser Dios a secas de los cristianos, los cuales exterminarían para siempre las creencias politeístas de Europa. Luego llegaría Alá en el mensaje del profeta Mahoma.
No es de extrañar que Ishtar/Inanna/Astarte desapareciera de la memoria, como todos los demás. Sin embargo, su espíritu liberal y belicoso. Amante y seductor no tenía la más mínima cabida en un mundo donde los hombres no querían competencia. Hay que tener en cuenta que no fue solo a causa de la religión solamente. Se fue tolerando menos la libertad de la mujer. A medida que se avanzaba al norte, griegos primero y luego los romanos limitaron el poder de sus mujeres. En las ciudades avanzadas. No sucedía así con las tribus bárbaras, bárbaros teutones, visigodos o vikingos. Carentes de centros de poder o ciudades grandes. Hasta que fueron evangelizados, unos milenios más tarde.
Sobrevivieron nombres de diosas que aún se recuerdan, pero nadie tan osada y peligrosa como la bella Ishtar de Uruk. La cual recordamos hoy.


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