Un Codex hace referencia a un libro creado anterior a la invención de la imprenta. Aquí en Montevideo Tarot hemos visto al colosal Codex Gigas la famosa biblia del diablo. Los Codex eran artículos caros. Estos libros estaban hechos en pergaminos, los cuales eran básicamente pieles de ovejas cuidadosamente curtidas. Además de los pigmentos, tintas y tiempo para escribirlos a mano.
En el Codex Voynich, sus 240 páginas están confeccionadas en de vitela, un pergamino muy blanco hecho de las pieles de becerros recién nacidos o nacidos muertos. Las dimensiones de las mismas son de 22,5 cm por 16 cm. La portada está hecha de piel de cabra y que sustituyo su portada original de madera que estaba infestada por gusanos. Esta medida fue tomada por los Jesuitas del Colegio Romano que fueron sus custodios entre el siglo XVIII y XIX. Es espesor del mismo de 5 cm los que atestigua lo delicada y resistente de sus páginas.
Lo más curioso de este Codex es su finalidad. Todo libro esta creado para perpetuar ideas, conocimientos o algún mensaje. Máxime cuando crearlo lleva un gran esfuerzo y costo económico. Hay ejemplos de libros codificados (como los cuadernos de Leonardo) cuya finalidad era no ser leídos si no se posee la clave. En el caso de Leonardo, este los escribía usando un espejo. Sabiendo esto se les puede leer leyendo su reflejo. En el caso del Voynich este escrito en un idioma que se desconoce. Se ha tratado de decodificarlo desde el siglo XVI sin éxito.

Antes de meternos en el terreno de la criptografía tenemos que conocer la historia de este libro singular y quizás en ella podremos entender mejor la intención de su autor. Según los estudios de datación por carbono 14 ubican la creación de este libro entre 1404 y 1434. Del autor nada se sabe. Los primeros estudios caligráficos indicaron la caligrafía de un único individuo del siglo XV. Sin embargo, el 1970 Prescott Currier un especialista en lenguas y filólogo, indico la presencia en la escritura de dos manos diferentes. En abril de 2020 la especialista en la edad media, Lisa Fagin Davis realizó un estudio más profundo de Codex identificando un total de cincos manos diferentes lo que indicaría cinco autores diferentes en todo el libro.
Su primer dueño fue el químico y farmacéutico, Jacobus Horcicky de Tepenec. Resulta que en 1608 el buen Jacobus curó de una grave enfermedad a Rodolfo II por ese entonces rey de Hungria y futuro emperador del Sacro Imperio Romano. Y si les suena el nombre es porque Rodolfo II tenía en su posesión el Codex Gigas. El cual años más tarde pagaría una suma de 600 ducados de oro. Esto según lo dicho por el científico bohemio Jahannes Marcus Marci. Pero dicha transacción no aparece en los libros contables de los Habsburgo.

La historia del periplo del codex está bien documentada hasta que llega a manos de los jesuitas del Colegio Romano a causa de una gran donación de libros, en el 1651. Entre 1824 y 1870 se le cambio la cubierta original de madera por la de cuero de cabra que tiene actualmente. Para el año 1873 se salvó de la confiscación por parte del rey Victor Manul II de Italia. En 1903 el colegio quiso vender la colección al Vaticano, algo que no se logró hasta 1912. Resulta que en 1908 un anticuario lituano de nombre Wilfrid Michael Voynich se hace en Florencia en una transacción privada y secreta, de varios libros y manuscritos. Durante su vida alego que los había conseguido en un viejo castillo al norte de Italia, solo a su muerte se supo el verdadero origen de estos libros. Incluido el Codex que lleva su nombre y que originalmente se denominaba Tratado cifrado de Roger Bacon.
Al parecer este raro libro estaba destinado al emperador Maximiliano II de Habsburgo, padre de Rodolfo II pero nunca llego a tenerlo. Básicamente era una especie de compendio de temas que agradarían al emperador sobre un herbolario fantástico, ninfas desnudas y temas ocultistas y astrológicos.

El lenguaje que está escrita cumple con ciertas leyes gramaticales y es sin duda un lenguaje humano pero su origen es desconocido y trae de cabeza hace más de un siglo a decodificadores y lingüistas. Hay ciertas laminas muy curiosas con algunos dibujos de plantas del nuevo mundo, como las de Mburucuyá y la del girasol. Así como el dibujo de lo que parece una mulita. El Libro en si fue previamente dibujado y luego escrito. Al parecer en algún punto fue desarmado y vuelto a armar y se perdieron algunos folios, los cuales formaban alguna paginas desplegables.
Está compuesto por varias secciones, una de botánica con ilustraciones de hierbas. Otra sobre astrología donde se aprecian dibujos del Sol, la Luna, las estrellas y los signos zodiacales. Una sección que se podría identificar como médica, donde hay dibujada pequeñas figuras femeninas entre tubos que transportan y almacena líquidos. Una cosmológica si se quiere, que está compuesta por una serie de diagramas

circulares. Otra sección, posiblemente de recetas donde se aprecian unos 300 textos con una estrella que los inicia. Y una sección farmacéutica llena de dibujos de recipientes y diagramas de raíces y hojas. Y todo profusamente escrito en un lenguaje que para muchos es un invento sin sentido. Actualmente se conserva en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale. Se han publicado una copia completa facsimilar. La cuestión de su idioma no está zanjada y muchos expertos están trabajando para desentrañar y darle sentido a este extraño Codex.

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