IGOR

En lo referente a nuestra naturaleza humana hay comportamientos compartidos por todos los grupos de personas distribuidos por el mundo. Los antropólogos descubrieron hace ya algunas décadas las seis expresiones básicas en todo ser humano, independientemente de donde viva, su cultura o religión. Estas expresiones faciales son reflejo de seis emociones igualmente compartidas. La alegría, la tristeza, el miedo, la sorpresa, el enojo y el asco. Estudiando estas expresiones gestuales se abrió todo un nuevo campo de estudio entre la antropología y la psicología, que fueron sumando otras disciplinas.

Siendo excesivamente reduccionistas podríamos decir que toda persona siente y expresa estas seis “emociones gestuales básicas” que después se multiplican a llegar a dieciséis. Pero las que nos interesa en este artículo son estas seis básicas y en concreto dos. La sorpresa y el asco, que muchas veces desencadenan miedo y enojo.

Hemos visto aquí en Montevideo Tarot toda una serie de monstruos míticos y conocemos infinidad de muchos más en nuestra experiencia diaria gracias a las películas y libros. Nunca hemos visto una quimera de forma presencial, pero al verla en Furia de Titanes se nos muestra, un ser deforme ya que es la mezcla de tres animales diferentes, un cuerpo de león, con dos cabezas y una cola de serpiente. Esto desencadena en el espectador sorpresa seguida por algunas de las otras tres (miedo, asco o enojo). En lo cotidiano nos pasa lo mismo, nos llevamos la sorpresa de pisar excremento y luego se desencadena el resto. Independientemente si uno es ruso, americano o un bosquimano de la edad de piedra.

Se estarán preguntando el porqué de esta extraña introducción. Resulta que entre los monstruos modernos encontramos uno que no califica del todo, o calificaba a mediados del siglo veinte, pero hoy en día dicha clasificación o epíteto no es políticamente correcta (en realidad nunca lo fue). La definición de monstruo ya la hemos dado muchas veces, pero necesito repetirla ya que tiene varias acepciones.

1. Producción contra el orden regular de la naturaleza.

2. Ser fantástico que causa espanto.

3. Cosa excesivamente grande o extraordinaria en cualquier línea.

4. Persona de extraordinarias cualidades para desempeñar una actividad determinada (en este caso referido a lo dicho coloquialmente, por ejemplo, a un excepcional deportista “Es un Mostro”)

5. Persona muy cruel y perversa.

6. Persona o cosa muy fea

Voy a tomar esta última definición ya que el personaje que nos convoca está más íntimamente relacionado con ella. Las deformaciones físicas en los seres humanos han hecho desde siempre que el que las padece sea aislado, rechazado, a la vez de ser blanco de mofa y miedo por el resto. EL que las sufre lo hace desde el plano físico (si es una malformación) desde lo emocional, mental y afectivo, siendo en sí misma una tragedia para él y una vergüenza para el resto. Los espartanos desechaban en un barranco a los bebes con malformaciones o de aspecto débil, en la búsqueda del guerrero perfecto. El ideal de belleza es otra medida difícil de lograr para muchos, pero si te aqueja alguna rareza física es lapidario, se transforma en una meta imposible de lograr.

Esta además que una malformación es algo poco frecuente. Así como inhabilitante, muchos la veían como un castigo de los dioses. Quizás la más común y famosas de estas malformaciones es la cifosis, que no es otra cosa que la coloquial joroba. Las personas que la sufrían eran tratadas como monstruos ya que eran una singularidad en lo que concernía a la naturaleza. A los ojos de los demás se veían feos y extraños.

Aquí surge IGOR el ayudante jorobado de Drácula y Frankenstein y es en esencia un personaje creado netamente por el cine, aunque inspirado por el más famoso y trágico de los jorobados, Cuasimodo de Notre Dame. Quasimodo es el personaje principal de la obra de Victor Hugo, Nuestra Señora de París. Era un niño jorobado y de rostro contrahecho que fue abandonado cerca de la catedral de Paris. Al parecer era hijo de una gitana. Sólo podía utilizar un ojo, ya que el otro lo tenía casi bloqueado por la deformidad de su rostro, quedó casi sordo por el tañer de las campanas de la catedral. De las cuales él se encargaba y significaban todo para él. Antes de conocer a la joven gitana Esmeralda, de quien se enamora por ser ella la primera que le mostró bondad.

Quasimodo era odiado por el pueblo de París a causa de su deformidad, por lo cual posee un carácter tímido y retraído. Sin embargo, posee una gran valentía, astucia y un corazón noble. El nombre de Quasimodo proviene del Latín quasi modo (en español: como si, casi como). Primeras dos palabras del introito de la misa del primer domingo tras la Pascua, por haber sido abandonado en este día del año. Al mismo tiempo, supone un juego de palabras, ya que el campanero era considerado un casi humano, muy cerca de todos los demás y al mismo tiempo muy diferente.

En la novela, tiene unos diecisiete años. Víctor Hugo lo describe físicamente como un joven de gran tamaño y fuerza, con una gran agilidad a pesar de sus defectos físicos. La cual podría ser el producto del ejercicio que realiza constantemente trepando por las torres de Notre Dame y los tejados de los alrededores, si bien no sale mucho de la catedral.  El final de Quasimodo es sumamente dramático. El observa desde lo alto de Notre Dame, que la inocente Esmeralda es ejecutada y que no podrá llegar a tiempo para salvarla. Su alma se entristece y decide morir junto a ella después de asesinar al cruel archidiácono que la entregó, bajo engaños y mentiras.

Una de las características más importantes de Cuasimodo, es el cariño que siente por la catedral de Notre Dame de París, en donde vive. Víctor Hugo describe esta relación como si el campanero y la catedral fueran una sola alma unificada. Es allí en donde Quasimodo tiene su refugio del mundo que lo repudia injustamente.  Es sin duda uno de los personajes más importantes de la literatura francesa (y de la historia de la literatura en general). No es de extrañar pues, que Igor se parezca muchísimo a Cuasimodo. Siendo un asistente de un verdadero monstruo (en lo concerniente a su crueldad y maldad), despreciado por este, así como humillado.

Una de las primeras representaciones de Igor es como asistente en la película Metrópolis de 1927, como ayudante de un científico loco, posteriormente aparecería sobre todo asociado al doctor Frankenstein. En la película de 1974, llamada el Joven Frankeisten dirigida por el genial Mel Brooks. Esta pelicula no solo tiene a un monstruo de Frankenstein, que pasa las de Caín. Siendo incluso torturado sin querer, por un servicial ciego, en una de las escenas más hilarantes del cine de parodia. Cuenta además con un asistente jorobado, interpretado por Marty Feldman. Un genial comediante con un rostro inolvidable y la capacidad infinita de irritar al genial y demente doctor. Su Igor, es el prototipo en el cual se inspiraran futuros ayudantes.

Igor el jorobado casi siempre es representado como un ayudante sin posibilidades de rebelarse y huir de su destino, generalmente su empleador es el único que le ha mostrado algo de comprensión y afecto. Sin duda un personaje trágico ya que incluso en su versión humorística, esta se vuelve aún más trágica ya que se le muestra como un grotesco bufón (esto es así desde la época de Víctor Hugo, 1831). Este personaje secundario y asociado con las estrellas del mundo de los monstruos clásicos, es un recordatorio visceral, de nuestra propia y secreta monstruosidad. Igor en cierta manera nos interpela y nos cuenta que el término monstruo, es bastante ambiguo.

Tal vez sea por la potencialidad que poseemos de ser monstruosamente geniales, o monstruosamente indiferentes, monstruosamente luminosos o monstruosamente cobardes. En lo concerniente a las personas ya hemos visto cuales son los verdaderos monstruos que tal vez merezcan un apartado en este blog. Todos nos hemos burlado de alguien en algún momento, básicamente porque hemos pasado por la etapa de la bobera o porque nos causó una gracia morbosa. Y, si hemos tenido suerte (así se sabe que se siente) se habrán burlado de nosotros por los mismos motivos (lo cual probablemente nos enojó mucho). Negar esto es negar parte de nuestra naturaleza. Son aspectos mejorables. Es entendible sentir curiosidad, extrañeza o incluso miedo a ver una persona con una deformación física.

Lo que nos debería de preocupar seriamente, es si la maltratamos, si la herimos sin causa, solo porque nos incomoda, le gritamos improperios o nos la quedamos mirando fijamente haciéndola sentir incomoda. Es un ser humano igual a uno, con sentimientos, sueños y deseo de pertenecer. Y este ejemplo es extremo, se ven muy pocos jorobado/as gracias a la medicina moderna, pero el miedo, el asco y la rabia por lo que es diferente a nuestros cánones, es más común de lo que imaginamos. Solo piensen que los monstruos dejan de serlo cuando muestran amabilidad y cortesía. Cuando muestran la capacidad de transmitir amor o de aceptarlo. Y no siempre el monstruo, es el deforme


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