La Brujería
¿Qué significa y a que se refiere el termino brujería? Para comenzar deberemos de hacer algunas aclaraciones importantes, entre hechicería y brujería. La más importante es quizás sus objetivos, mientras la hechicería trata de someter a la voluntad del hechicero o mago a las fuerzas demoníacas o de la oscuridad, la brujería se somete a estas fuerzas y pasa a adorarlas.
Otra diferencia es el tiempo histórico donde aparecen cada una. Desde el inicio de la historia han existido personas que alegan tener poderes mágicos, con los cuales podían hacer cosas que los demás humanos no podían. Por ejemplo, convocar tormentas, poder ver eventos que aún no habían sucedido o traer buena o mala fortuna a amigos o enemigos. La idea detrás era el dominio sobre el poder de las fuerzas de la naturaleza y del mundo oculto. Esto poderes se obtenían y se amplificaban mediante rituales elaborados y secretos que los convertían en elegidos. A su vez eran transmitidos a discípulos, con el tiempo estos secretos fueron confinados en templos iniciáticos donde los hechiceros adivinaban el futuro, curaban a enfermos o alteraban el clima. Muchas veces eran consejeros cercanos de reyes y príncipes como el famoso Merlín de la leyenda celta de Arturo.
Estos hechiceros o nigromantes eran generalmente hombres, se excluía a las mujeres, ya que se consideraba que estas carecían de la suficiente fortaleza mental y espiritual como para enfrentarse a los poderes de la oscuridad.

Poderes que intentaban dominar para lograr hechizos de curación o conseguir conocimiento arcano de las potencias infernales.
Sin embargo, esta pretensión de poder dominar la naturaleza o lograr información privilegiada para cambiar el destino, este deseo también llegaba como es lógico a estratos sociales más bajos y menos afortunados y es aquí donde el concepto de lo que sería en el futuro, la brujería, va gestándose poco a poco.
El conocimiento herbolario es decir el de las propiedades curativas de las plantas no era privativo únicamente de hechiceros o sacerdotes, en villorrios y poblados existían hombres y mujeres generalmente ancianos lo que conocemos como chamanes o curanderos encargados en cierta medida de dar alivio, curación y concejo a los campesinos, esta acepción nada tiene que ver con la de brujería tradicional europea.
Estos chamanes que están presente por todo lo largo y ancho de la historia si eran de ambos sexos y su conocimiento era transmitido entre familiares, aunque las especialistas en traer niños al mundo y del cuidado pre y postnatal eran en su inmensa mayoría mujeres, estas no solo conocían las propiedades analgésicas de diferentes plantas, también creaban amuletos contra el mal de ojo y filtros de amor y su presencia está documentada por todo el mundo. La conocida como magia blanca

Pero en algún punto en el siglo XIII surge la idea de brujería de la mano de los teólogos escolásticos. Estamos temporalmente ubicados en los últimos dos siglos de la edad media, en Europa, hay una serie de cismas en la iglesia católica y aparecerán los famosos herejes, personas que piensan fuera del dogma de la fe. La cual se castigaba con la muerte en la hoguera, generalmente
Es en este momento histórico que se podría decir que aparece la diferenciación social entre hechicería y brujería, una se desarrolla en las ciudades, concretamente en las cortes y la otra es netamente campesina. Recordemos que la hechicería se practicaba tanto en palacios reales como papales.
En esta brujería que se podría leer como una degradación de la hechicería, el mago, el hechicero-señor, magus en latín que busca el sometimiento de los demonios, pasa a convertirse mediante el cambio de sexo del operador en la bruja-sierva, maleficus en latín. Cuyo objetivo es conseguir algún beneficio para si misma de parte de las fuerzas infernales, según la fundamentación teológica.
Estas brujas buscaran el favor demoníaco mediante un pacto satánico por lo que por definición las convierten en apostatas y herejes, ese pacto se realizara de forma personal entregándose en cuerpo y alma al maligno. Este le dará el conocimiento de que usar en sus pócimas y encantamientos, con el objetivo de subyugar a otros y propagar la obra infernal en la tierra.
De esta manera aparece el concepto de la bruja satánica en Europa, la bruja de los covenant o aquelarres en lo profundo del bosque.

No hay que pensar que esta idea de reuniones en lo profundo del bosque es algo novedoso en Europa, ya que desde la antigüedad clásica aparece en forma de las fiestas bacanales de Grecia y Roma. Las reuniones celtas, así como las vikingas y ostrogodas tenían como lugar de reunión los bosques y concretamente claros en ellos, donde se celebraba el fin del invierno y el inicio de la primavera, de la misma manera que el concepto de magia es igualmente antiguo. En Roma la magia benéfica o blanca era realizada por los augures, funcionarios designados para ese propósito algo similar a los druidas celtas.
Eran celebraciones publicas buscando el beneficio comunitario, en cuanto a las prácticas de magia negra que buscaba beneficios egoístas o espurios era perseguida y castigada, Hay múltiples ejemplos en la literatura clásica como la de Circe y Medea. Lo interesante que estas hechiceras que se reunían en la noche buscaban conectarse con diosas que podían ser del inframundo como Hecate u olímpicas como Diana o Selene, conjurándolas para protección. Estas hechiceras antiguas tienen un marcado acento hacia lo erótico y asociadas en gran medida con el dios Pan y los sátiros, que como recordaran son mitad cabras, de ahí la imagen del macho cabrío satánico cristiano.
Si bien eran toleradas sin ningún problema en el imperio romano, los hechiceros no gozaban de ese favor en la biblia judía. Donde son castigados con de la pena de muerte, en este libro los hechiceros son generalmente sacerdotes de Egipto o Persia cuyo rol es conocer eventos futuros, la creación de fórmulas mágicas con diversos propósitos y que pertenecen a religiones formales extranjeras al pueblo judío que tiene expresamente prohibido el uso de la magia.
Estos preceptos influenciaran en gran medida la mentalidad medieval de finales de siglo XIV. Para los padres de la iglesia antigua como san Agustín, la magia y la hechicería eran invenciones sin sentido de individuos sin fe en el dios verdadero. Esta visión iría cambiando en el seno de la iglesia y para 1326 se equipará a la brujería con la herejía.

Seria santo Tomas de Aquino el que tejería los hilos conductores entre los demonios Incubus y Sucubus (de los cuales hablaremos en futuros artículos) y sus relaciones sexuales con los humanos, paralelamente hay reyes como Alfonso X el sabio, que ponen a la adivinación y la magia bajo el tutelaje real ya que no las consideran como herejías y pueden dar un gran servicio al reino.
Para el siglo XV ya hay manuales para inquisidores y la ofensiva contra las brujas se extiende como un incendio por Europa, no hay que olvidar que santa Juana de Arco es quemada en Orleans acusada por brujería cargos que negó hasta su muerte.
En 1486 se publica el Maelleus Maleficarum, el martillo de las brujas. El cual cataloga a la brujería como una secta satánica que es imprescindible exterminar. Simultáneamente aparece un grabado de la escena de un sabath, en un tratado contra los valdenses, una corriente herética que cambia al cordero cristiano por un macho cabrío.

En Toulouse – Francia aparece el registro de la primera bruja quemada en la hoguera. El responsable fue el inquisidor Hugo Baniol, se trataba de una enajenada mental que aseguraba haber dado a luz a un monstruo luego de concebirlo con un demonio. La persecución a cataros y valdenses por parte de la Iglesia Católica en territorio francés llevo a la hoguera a muchas mujeres desequilibradas bajo acusación de brujería.
La reforma protestante no acabo ni por asomo con la persecución de las brujas, el propio Martin Lutero estaba convencido de su existencia y exhortaba a perseguirlas, sin quemarlas a diferencia del Calvino. Tal era la locura que empezaron a levantarse voces contra esta práctica, una de ellas fue la del médico protestante Johann Weyer que concluyó que las principales acusadas de brujería eran mujeres ancianas que según él, sufrían de “melancolía” y lo llamaríamos depresión. Dentro de la Iglesia católica el español Alonso de Salazar y Frias y el jesuita alemán Friedrich Spee, se destacaron por su oposición a esta práctica.
Fue en el año 1610, en la localidad de Logroño se llevó a cabo el Juicio a las Brujas de Zugarramurdi. De entre los tres inquisidores encargados del proceso se encontraba Alonso de Salazar y Frías el cual se opuso a sus dos colegas, que estaban convencidos de la culpabilidad de las supuestas brujas. En su informe al inquisidor general, Salazar concluyó: «No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar y escribir de ellos». Dicha investigación contribuyó a la definitiva abolición de las quemas de brujas en todo el Imperio español.
Entre 1626 y 1631, la guerra de los treinta años estaba en su apogeo, en este período sombrío se produjeron grandes matanzas, saqueos y terribles hambrunas. Incluso llego a darse episodios de canibalismo, los príncipes católicos que reconquistaban territorios luteranos llevaron adelante juicios masivos contra personas acusadas de brujería, en la ciudad de Wuzburg, fueron ejecutadas más de 1000 personas. Hombres, mujeres y niños, acusados de ser brujos. Claramente la brujería era una excusa para la limpieza religiosa del territorio.

Los siglos XVI y XVII constituyen el período culminante de la caza de brujas, para que tengan una idea al sur de Alemania fueron quemadas 3229 brujas entre 1560 y 1670; en Escocia 4400 entre 1590 y 1680; en Lorena, más de 2000 entre 1576 y 1606. Estos territorios habían sufrido las guerras de religión entre católicos y protestantes. Las matanzas fueron acompañadas de una extraordinaria proliferación de libros sobre el tema, a la cabeza con el martillo de las brujas con 34 ediciones.
El teatro de los diablos, Instrucciones sobre la tiranía y el Poder del Diablo fueron algunos de estos libros dedicados a la brujería y a la demonología, que en total sumarían más de 200 000 ejemplares, solo en Alemania. En Francia la obra de mayor éxito fue la Demonomanía de Bodino. En estos libros se indicaba así mismo que la no creencia en las brujas era de por si una herejía lo cual eran sin duda el motor intelectual detrás de la justificación de la locura.

En ellos se detallan no solo como identificar brujas sino como interrogarlas lo cual siempre llevaba a la tortura y a un compendio de prácticas de una crueldad impresionante. Con la Ilustración desaparece la obsesión por la brujería, y en el siglo XVIII d. C. tienen lugar las últimas condenas. En Inglaterra y en Escocia en 1722, en Francia en 1746, en Alemania en 1775, en España en 1781, en Suiza en 1782 y en Polonia en 1793. Sin embargo, habría una oleada de quema de brujas en América durante el siglo XIX.
Para terminar de redondear el tema y en síntesis, las brujas según los inquisidores podían volar montadas en palos, animales y demonios. También lo lograban usando ungüentos para ese propósito, Tenían encuentros nocturnos con el diablo y otras brujas en el sabbat o aquelarre, hacían pactos con el diablo, tenían sexo con demonios (en forma de íncubus y súcubos ) y practicaban la magia negra. En la denominada sinagoga de satanás, Hay en todo el enunciado características antisemitas y fuertemente misóginas ya que, para la iglesia de la época, la mujer era más proclive al pecado.
Eso no evito que muchos hombres fueran quemados a su vez acusados de brujos. Hay evidencia abrumadora que muchos usaron esta particular coyuntura social y religiosa para eliminar rivales de todo tipo, acusándolos de provocar enfermedades, desastres naturales o sortilegios. Y de esta manera quedarse con bienes de los acusados o ganando una posición política ventajosa, algo parecido a los delatores de los regímenes totalitarios. Muchas mujeres dedicadas al curanderismo fueron quemadas solo por el crimen de ser pobres o vivir en soledad, en uno de los capítulos más oscuro de la historia.

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