Durante la historia de la humanidad han aparecido hombres y mujeres excepcionales. Grandes constructores, sanadores, comandantes y líderes. Brillantes mentes que han contribuido en uno o varios aspectos al avance de su pueblo y cuyos aportes también ha beneficiado a la humanidad toda. Entre estos están los grandes maestros y guías espirituales. Generalmente hombres cuyo pensamiento han cambiado de manera sustancial la forma como las personas perciben el mundo en que viven.
Sin duda muchos nombres de maestros y maestras antiguos no han sobrevivido a los avatares de la historia fueron injustamente olvidados. Sobre todo, en lo que respecta a las mujeres. No olvidemos que nuestro primer maestro, es nuestra madre. Desde siempre ha sido así, durante los primeros años del niño, en la etapa de la primera formación, la madre ha estado ahí. No todas las madres obviamente son maestras ilustrísimas, como así tampoco lo son los padres. Por milenios, la primera enseñanza de los niños corría por cuenta de las mujeres ya que esos primeros años, todo el tiempo pasaban con ella.

Pero la historia recuerda más que nada a los hombres, en gran medida por cómo estaba estructurada la sociedad. En muchas culturas el conocimiento y la enseñanza estaba vedado para las mujeres y tenían prohibido pregonar sus ideas. A pesar de todo, la historia recuerda a algunas. En Montevideo Tarot hemos decidido empezar esta nueva sección de Maestros Espirituales con ellas.
Vamos a empezar con las mujeres relevantes de la Biblia. En este libro sagrado se rescatan algunos nombres de mujeres notables, lamentablemente no se rescata mucho de su discurso o pensamiento. En honor a la justicia, algunas son de una gran antigüedad y así como queda poco y nada de sus dichos o enseñanzas pasa lo mismo con los hombres. Ya más cercano en el tiempo, es decir en el nuevo testamento, queda evidenciado la gran presencia femenina, su accionar y divulgación del evangelio en la iglesia primitiva.

EVA
Según el Génesis, la primera mujer. Centro de la polémica expulsión del paraíso. Creada por Dios de una costilla de Adán, fue la solución divina a la soledad del primer hombre. Tentada por la serpiente del jardín, Eva desobedece en mandato del creador, de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Luego le ofreció a su compañero el fruto, el cual comió sin ningún inconveniente o queja.
Al ser interpelados por Dios, Adán responde de la forma más humana vista hasta ese momento al echarle toda la culpa a Eva. Como sucede habitualmente en estas circunstancias Dios los juzgo a los dos como responsables y como castigo extra subordino a Eva a Adán. Es quizás por este motivo (tal vez no) que se rescatan pocos nombres de mujeres en la historia. Echados del paraíso, Eva acompaño a Adán en su penoso peregrinar, no hay registro que Adán le echase en cara a Eva del infortunio que estaban viviendo, posiblemente al darse cuenta que era tan responsable como Eva de su desobediencia.
¿Por qué esta en esta lista? es muy simple, ella le enseño a sus hijos sobre Dios, su bondad y justicia. Es la primera maestra y protectora de la humanidad. Al igual que ella, nosotros su descendencia somos falibles, pero tenemos el potencial de enmendar nuestros errores aprender de ellos y superarnos. No se olviden que Adán y Eva se fueron del paraíso literalmente con lo puesto (unas pieles que encontraron para cubrir su desnudez), a un mundo hostil el cual doblegaron. A nosotros se nos acaba el mundo, si se nos termina la batería en el celular. Tengan eso en mente.

SARA
Sara fue la esposa del patriarca Abraham. También era su media hermana. El libro del Génesis dice que su nombre original era Sarai pero Dios lo cambió a «Sara», antes de concederle el milagro de tener un hijo a la edad de noventa años. A Isaac. En hebreo el nombre Sara, se usa para designar a una mujer de alto rango. A veces es traducido como «princesa». Era tan hermosa, que a su lado las otras mujeres parecían monos, ni siquiera los duros viajes junto a Abraham afectaron su belleza. Recuerden que Abraham era un pastor nómada, algo muy similar a un Jeque beduino.
Ella era originaria de Ur de Caldea, con su esposo llegaran Egipto y cruzaron varias veces la península arábiga siempre juntos. El Talmud nos cuenta que Sara fue superior a Abraham en los dones de la profecía, siendo como una «corona» para su marido. Abraham oía y obedecía sus palabras pues reconocía su superioridad espiritual. Además, Sara es la única mujer con quien Dios se comunicó directamente, ya que las demás profetisas mencionadas en la Biblia recibieron mensajes de Dios por medio de ángeles.
El tiempo que vivió Sara y Abraham es anterior al diluvio, Dios caminaba entre los hombres, así como los ángeles expulsados del cielo. El milagro del nacimiento de Isaac es de por si impresionante y aún más la muerte de Sara. Ella conocía el pedido divino de sacrificar a Isaac, una costumbre extendida en Caldea, donde ella era oriunda. En Ur, se sacrificaban los primogénitos al dios Baal. Ella vio irse a su único hijo con Abraham e imaginando su destino. Se relata en el Talmud, que Samael (el acusador, uno de los príncipes infernales) llego a su puerta disfrazado de viejo y le dijo a Sara que Isaac había sido sacrificado. Sara, creyendo que era cierto, lloró amargamente, pero más tarde se consoló a sí misma pensando que el sacrificio había sido ofrecido por mandato de Dios.
Partió de Beer-sheba a Hebrón preguntando a todos los que encontraba en el camino si sabían qué dirección había tomado Abraham. Entonces Samael vino de nuevo en forma humana y le dijo que no era cierto, que Isaac hubiese sido sacrificado. Sino que estaba vivo y que pronto volvería con su padre. Al oír esto Sara murió de gozo en Hebrón. Abraham e Isaac regresaron a su hogar en Beer-sheba y al no hallar a Sara fueron a Hebrón, donde la encontraron muerta. Sin embargo, según la Biblia, Sara vivió hasta que su hijo Isaac tuvo 37 años (Génesis 23:1). Él estuvo junto a su madre hasta su muerte a los 127 años. También leyendas tardías, añadían que durante la vida de Sara su casa estuvo siempre abierta a la hospitalidad, el dinero se multiplicaba milagrosamente, una lámpara ardía desde la noche del sábado a la noche del sábado siguiente y una columna de nubes se posaba sobre la entrada de su tienda. Sin lugar a dudas una maestra espiritual.

DÉBORA
Débora es una figura bíblica que se destaca en el libro de Jueces en el Antiguo Testamento. Es conocida por ser una jueza y profetisa que lideró a los israelitas en la lucha contra los cananeos. Según el relato bíblico, durante el tiempo en que los israelitas estaban siendo oprimidos por Jabin, rey de Canaán, Débora se levantó como líder y jueza en Israel. Ella administraba justicia y resolvía disputas entre el pueblo. Bajo la guía y dirección de Débora, Dios le ordenó a Barac, un líder militar israelita, que reuniera un ejército para luchar contra el ejército de Sísara, comandante de Jabin. Barac estaba inicialmente reacio a ir a la batalla sin la presencia de Débora, por lo que ella lo acompañó.
En la batalla, Dios intervino y entregó la victoria a los israelitas. Sísara, el comandante cananeo, fue derrotado y muerto por una mujer llamada Jael, quien lo mató clavándole una estaca en la cabeza mientras dormía. Se sabe poco de la vida personal de Débora. Al parecer estuvo casada con un hombre llamado Lapidot (‘antorchas’), pero este nombre no aparece fuera del Libro de los Jueces. Podría significar simplemente que la propia Débora tenía un alma “ardiente”. Fue una poetisa y dictaba sus sentencias bajo una palmera de Efraín. Algunos aluden a ella como la madre de Israel. Tras su victoria sobre Sísara y el ejército cananeo hubo paz en la región durante cuarenta años.
El liderazgo y la valentía de Débora fueron reconocidos en una canción de victoria que se registra en Jueces , conocida como el «Cántico de Débora». Este canto celebra la victoria y destaca el papel de Débora como líder y profetisa. El ejemplo de Débora como una mujer fuerte y líder espiritual ha sido significativo en la tradición judía y cristiana. Su historia realza el papel destacado que las mujeres pueden tener en la historia y la fe, y su liderazgo es un testimonio del poder y la sabiduría que Dios puede conferir a las mujeres para cumplir su voluntad. Débora fue la única jueza que tuvo el pueblo judío en la antigüedad.

RUT
Rut se encontró en una situación sumamente difícil en Moab cuando su esposo Mahlón murió después de diez años de matrimonio. Decir que su situación era «difícil» es decir poco. Las mujeres en la antigüedad no tenían empleo, dependían completamente de los hombres en sus vidas para su manutención. Siendo una mujer viuda y sin hijos, Rut no tenía a nadie que la ayudara, dependía de la generosidad de los desconocidos porque no había miembros de su familia que la ayudaran. Ella pertenecía a una de las clases más bajas y desfavorecidas del mundo antiguo. Rut se alió con alguien que estaba en una situación todavía peor, su suegra Noemí. Como su esposo y sus dos hijos habían muerto, Noemí también era una viuda sin hijos. Ella no tenía familia que la cuidara en Moab y era demasiado mayor como para volver a casarse. Noemí pasaba por una situación desesperante y penosa, y decidió regresar a su país de origen, Israel. Rut demostró un amor y lealtad inquebrantables al negarse a permitir que su suegra pasara por una etapa tan horrible sola.
Rut podría haberse quedado en Moab, su propio país, con el apoyo de sus parientes lejanos. Ella era lo suficientemente joven como para volver a casarse y podría haber ganado cierta estabilidad financiera de esa manera, pero estaba decidida a ayudar a Noemí, incluso a costa de dejar atrás su propio país, amigos, familia, cultura y dioses. Rut dio uno de los mejores discursos acerca de la lealtad y el amor cuando le dijo a Noemí: «No me pidas que te deje y regrese a mi pueblo. A donde tú vayas, yo iré; dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, allí moriré y allí me enterrarán. Que el Señor me castigue severamente si permito que algo nos separe, aparte de la muerte.»
Al llegar a Israel tanto nuera como suegra pasaron muchas necesidades y privaciones, Rut jamás dejo a Noemí, pasaron varias peripecias hasta que al final Rut se casa con Boaz pariente custodio de la viuda Noemí. Noemí fue bendecida a través del matrimonio de ellos cuando Rut y Boaz tuvieron a su primer hijo y su primer nieto, Obed. La Biblia destaca a los descendientes heroicos de Rut. Rut, una completa extranjera, se convertiría en la bisabuela del más grande rey de Israel. Obed fue el padre de Isaí, quien a su vez fue el padre del gran rey David. Fue a través del linaje de David que el Mesías vino al mundo. A través de su lealtad inquebrantable, su increíble determinación y su servicio desinteresado, Rut no solo proveyó de una manera heroica a las necesidades de su familia, sino que se también se convirtió en un eslabón fundamental en la genealogía del héroe más grande de la Biblia, Jesús de Nazaret.

MIRIAM
Míriam fue una profetisa y cantora de Israel. Hija de Amram y Iojebed, hermana mayor de Aarón y de Moisés. Vivió en el período en que los israelitas vivían en Egipto como esclavos. El faraón había decidido matar a todos los hijos varones que nacieran. Iojebed, dio a luz a Moisés. Para proteger a su hermano, Miriam intentó mantenerlo escondido. Pero no pudo ocultar más al recién nacido, por miedo a que lo delataran los llantos y toda la familia muriera. El libro de Éxodo dice lo siguiente, «tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río». Miriam siguió la canastilla para ver que el recién nacido estuviera a salvo. La canasta fue encontrada por la hija del faraón que, al verlo, decidió adoptarlo. Miriam salió de su escondite, para decirle que le traería a una mujer que le diera pecho al bebé, enviándole a su propia madre. Al niño lo llamaron Moisés.
Según el relato bíblico fue ella quien le revelo su origen judío a Moisés, estuvo a su lado a su regreso junto con su hermano Aarón, fue testigo de primera mano de todos los milagros hechos por dios en Egipto y presencio de primera mano el terrible poder del Ángel exterminador. A pesar de su edad avanzada, inició las danzas y los cantos para dar gracias a Dios por el milagroso paso del Mar Rojo que permitió al pueblo de Israel escapar de Egipto. Míriam se encontraba a la cabeza de las mujeres del pueblo de Israel siendo su guía indiscutida y profetisa de la voluntad divina. Y protagonista de un hecho tremendo relatado en Números.
Para aquellos que no están del todo familiarizados con la Biblia, encontraran que el Dios de viejo testamento al cual nombramos Jehová (no se puede pronunciar su nombre en hebreo, solo las letras) era particularmente severo y no se andaba con tonterías. Miriam era una de las líderes naturales del pueblo judío cuyo líder principal era Moisés, nombrado directamente por Dios el cual le entrego directamente los diez mandamientos. A causa de una mujer extranjera Miriam, se queja y pone en entredicho la autoridad de Moisés. Autoridad directamente otorgada por el altísimo. Esto le costó a Miriam que Dios la cubriese con lepra. Y al quejarse de su suerte, Dios incendio parte del campamento judío. Lo dicho, Dios no andaba con tonterías. Luego Moisés intercedió por Miriam y Dios le quito la lepra.

Dejando en claro que no se debe socavar la autoridad legítimamente adquirida y que los chismes no son del agrado del creador. De nuevo, Miriam era humana, corrigió su error y fue ensalzada por el propio Jehová, ya que dictaba su voluntad, comunicándosela a Miriam a través de un Ángel. Murió con el eterno agradecimiento del pueblo que ayudo a liberar. Hay varias mujeres profetisas que nombra la Biblia, pero nada sabemos de su vida como Hulda, Noadías y Ana. Quizá una de las escenas más famosas de la vida de Jesús sea cuando el profeta Simeón lo bendijo cuando era un bebé. Pero en esa escena estuvo presente una profetisa que dedicó toda su vida al servicio del templo, Ana. La Biblia dice que ella servía “de noche y de día con ayunos y oraciones” y también “daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén”
Por supuesto que aún nos faltan nombres como María, la madre de Cristo o la Magdalena, pero merecen un artículo aparte. Y así comienza este esta nueva sección de los Maestros Espirituales (Y Maestras)

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