La Jerarquía Celestial I

Hola amigos, esta es la primera de tres entregas sobre la jerarquía angélica. Como imaginaran hay mucho escrito sobre el orden celestial y sobre los Ángeles. Según la tradición judeo-cristiana existen unas entidades incorpóreas, seres espirituales creados por Dios para servirle y alabarle. Existiendo una jerarquía entre ellos. Es aquí donde la tradición se divide en la visión judía y la visión cristiana. En este artículo haremos hincapié más específicamente a la tradición cristiana. En otra oportunidad abordaremos a la tradición judía, más compleja ya que esta se relaciona directamente con la Cábala. Y en esta primera entrega en concreto, nos concentraremos en la primera jerarquía y sus tres coros.

Según está escrito en el Catecismo de la Iglesia Católica “La existencia de los seres espirituales, incorpóreos, que la Sagrada Escritura suele llamar “ángeles” es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de Tradición. Toda la vida de la iglesia se beneficia de la misteriosa y poderosa ayuda de los ángeles… Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada por su cuidado vigilante e intercesión. Cristo es el centro del mundo angélico. Ellos son Sus ángeles… Le pertenecen porque fueron creados por Él y para Él»

Estas entidades fueron creadas en el vacío primigenio, antes de la creación y fueron testigos del proceso de la misma. Contemplaron la primera luz, la separación de las aguas de la tierra. Vieron a Dios crear el paraíso, los animales y luego a Adán y Eva. Los padres de la Iglesia los consideraban por esas características, superiores a la humanidad.  Sin embargo, aquí surge un punto áspero y es que al parecer Dios puso a la humanidad por encima de los Ángeles, al dotar a esta de libre albedrío. Esta sería la causa de una, de las dos rebeliones angélicas. La negativa de parte del Querubín Luzbel, (Luz de la Mañana) de servir a la humanidad por mandato divino. Esta negativa genero un cisma y trajo como consecuencia la caída de un tercio de las tres jerarquías angélicas. Esos ángeles fueron degradados a demonios, generando su propia jerarquía y siendo exiliados al averno. Luzbel se convertiría en Lucifer, príncipe del infierno.

La jerarquía angélica está determinada por su cercanía al trono celestial, a la cercanía a Dios. Esta está dividida en tres círculos o jerarquías y cuyo poder aumenta, en función de esta cercanía.  Es decir, a cuánto más cercano de Dios se está, más poderoso es el ángel.  Compuesta cada una por tres coros angélicos. Habiendo dicho esto, conviene aclarar un punto. Y es que, el menor de los ángeles, es incomparablemente superior en poder, sabiduría y destreza mental, que cualquier mortal. Su conocimiento del universo y de la naturaleza es mucho mayor y más amplio. Esto también aplica para los demonios (ángeles caídos).  Sin embargo, la gracia que posee la humanidad de decidir si se sigue a Dios de forma voluntaria (el libre albedrío), hace de los humanos, algo tan incomprensible para los ángeles, como incompresibles son ellos para nosotros. El único, que realmente conoce al detalle a ambas creaciones, es lógicamente el Creador, el cual utiliza como medio de entendimiento, obediencia y gracia al Amor.

La Primera Jerarquía

En este primer círculo se encuentran aquellos ángeles más alejados de la humanidad y cuya función primordial es alabar a Dios eternamente. Los estudiosos dicen que en realidad el primer círculo está ocupado por entidades que no son estrictamente ángeles, sino algo más poderoso. En muchos aspectos son aterradores a los ojos humanos. Su forma y función resultan ser a todas luces muy vagas. Quizás, el termino más adecuado sería el de dioses menores o semidioses, un concepto contradictorio en un universo (en este caso) monoteísta.

SERAFINES

Rodean el trono de Dios y están en constante alabanza, cantando el trisagio hebreo (la oración del Trisagio es una antigua plegaria heredada por el cristianismo) que reza: “Kadosh, Kadosh, Kadosh (“Santo, Santo, Santo es el Señor de los Ejércitos, la tierra está llena de su Gloria”) En la creencia cristiana, los serafines son el primer coro angélico, se caracterizan por el ardor y la pureza con que aman las cosas divinas y por elevar hacia Dios a los espíritus de menor jerarquía. Se les conoce como “las flameantes llamas del rayo”, “rayos de fuego del amor” o “llamas ardientes”. Cantan sin cesar la música de las esferas, regulan el movimiento de los cielos y son la vibración primordial del amor. Los serafines son seres que pueden ser vistos solo por quienes son “elevados” a una dimensión superior, es decir, un estado en el que el cielo “se abre para ellos, para esos bienaventurados”, según nos cuenta Ezequiel en la Biblia. Esto aplica para toda la primera jerarquía.

Los gnósticos hacen referencia a que fueron los serafines en su forma de elohines o llamas quienes destruyeron Sodoma y Gomorra, bombardeando la ciudad con bolas de fuego, Son mencionados por primera vez en Hebreos, uno de los libros más antiguos del Nuevo Testamento.  La iconografía cristiana representa a los serafines como seres alados, pero con la peculiaridad de poseer tres pares de alas, el primer par de los cuales cubre su rostro, ya que, es tal la luz que irradia Dios que deben proteger sus ojos. Con el segundo par de alas vuelan y el tercero cubren sus pies, pues simbolizan así, la eterna humildad y amor debidos solo a Dios. En esencia los serafines son: En el orden de su jerarquía, los primeros y los más altos. En la alabanza a Dios, constantes. En el trono de Dios, los más allegados. En su amor a Dios, los más ardientes. En sus formas, los más hermosos. En la fuerza, los más poderosos. De mas esta decir que su representación iconográfica varia según la época y como ya dije, algunas son aterradoras.

QUERUBINES

Es el segundo de los nueve coros angélicos. Son considerados como los guardianes de la gloria de Dios. Su nombre significa “los próximos” o “los segundos”.  Tienen una característica de guardianes y al mismo tiempo de “carruaje”. En Ezequiel 1:9 se dice de los querubines: “sus alas se juntaban unas con otras”, por lo que se da la imagen de un grupo homogéneo, constituyendo una especie de “carroza celestial”.  Su desplazamiento es veloz: “los seres iban y volvían, como si fueran relámpagos”.  De acuerdo con el Apocalipsis, su velocidad es como la de un relámpago. En el Libro de Ezequiel y en algunos iconos cristianos, se representa al querubín con dos pares de alas y cuatro rostros: el de un león (representando de todos los animales salvajes), el de un buey (que representa a los animales domésticos), el de un humano (representando a la humanidad) y el de un águila (representando a las aves, los animales que vuelan). Sus piernas son descritas como rectas, las plantas de sus pies como pezuñas de toro, relucientes como bronce bruñido. La tradición posterior les atribuye una variedad de apariencias físicas. Curiosamente esta cuádruple cualidad, se aplica también para los cuatro evangelistas que son representados como un león, un buey, un águila y un hombre.

En la tradición cristiana occidental, los querubines se han asociado popularmente con los Putti (los “amorcillos” que acompañaban al dios Cupido/ Eros, y a la diosa Venus/Afrodita de la mitología grecorromana) lo que resulta en representaciones de querubines, como niños pequeños, regordetes y alados, sin embargo, estos son seres de carácter secular, no bíblicos.  Históricamente los persas también incorporaron kerubes guardianes, como se pueden ver hoy día en las ruinas de Persépolis. Tenían algunas figuras de con cuerpo de hombre, cabeza de león y cuatro alas. El término pasa a designar en parte de las escrituras cristianas a un tipo de “ángel” o “mensajero divino”. Durante el cautiverio en Babilonia, este término pasó a la Biblia hebraica, y posteriormente al Nuevo Testamento que le dio la forma definitiva. La palabra se encuentra testimoniada en tres idiomas antiguos en acadio, en asirio y en babilónico. Para estas culturas el querubín era un genio alado, guardián sagrado de las puertas, en forma de algún animal, especialmente bajo el aspecto de un toro alado con cabeza humana.

OFANIMES O TRONOS

Los tronos son en ocasiones, identificado como los Ofanim. Estos pertenecen al tercer coro de la primera jerarquía. Son los que sostienen el trono de Dios y transmiten su voluntad a los demás ángeles. Suelen ser representados con alas multicolores.  En nombre Ofanim (en hebreo “ruedas” “esferas” “torbellinos”) hace referencia a las ruedas observadas por Ezequiel en su la visión y relatadas en la Biblia en Ezequiel 1:15-21. En esa parte del libro, el profeta ve un carro (en hebreo “merkabah”) donde Dios era transportado. Y cuyas ruedas eran particularmente brillantes y luminosas. En los rollos del Mar Muerto, se los describe como ángeles hermosos y luminosos. Hacia el final del Libro de Enoc, se les considera una clase de seres celestiales que no duermen nunca, y cuidan el trono de Dios.

Estas «ruedas» han sido asociadas con un versículo de la Biblia (Daniel 7:9) que menciona menciona el termino galgal, tradicionalmente como grupo como «Las ruedas de Galgallir», las «llamas feroces» y el «fuego ardiente». Se las describe como las cuatro ruedas cubiertas de ojos (cada una compuesta de dos ruedas adosadas, que giran como un giróscopo). Las cuales acompañan al querubín alado, debajo de Dios. Las cuatro ruedas, siguen al querubín porque el espíritu del querubín, mora en ellas.

Se vuelve a hacer referencia a las mismas como «las que tienen muchos ojos».  En el Libro de Enoc se les coloca en un tercer lugar ​de la jerarquía, «…en su entorno estaban Serafin, Querubin, y Ofanim».Estos príncipes angelicales son nombrados en este libro como: «Ofanim, Ruedas de Galgallir». Se dice que eran las ruedas reales del Carro Celestial de Dios. “Las cuatro ruedas tuvieron los brocales y radios, y sus brocales estaban llenos de ojos redondos”. Estos ojos dotan a este coro angélico, de la cualidad de eterna vigilancia

De Coelesti Hierarchia un libro de la Iglesia Ortodoxa, se refiere a los Tronos (de la descripción del Antiguo Testamento) como el tercer Orden de la primera esfera, los otros dos órdenes superiores son los Querubines y Serafines. Se menciona que “El nombre de los Tronos más gloriosos y exaltados denota lo que está exento y no está contaminado por ninguna base y cosa terrenal. Porque estos no tienen parte en lo que es más bajo, sino que habitan en el poder más pleno, establecido de manera inamovible y perfecta en el Altísimo, y reciben la Divina Inmanencia por encima de toda pasión y materia, y manifiestan a Dios, estando atentamente abiertos a las participaciones divinas.” Este punto de vista también fue aceptado por la Iglesia Católica y por Santo Tomas de Aquino. En la próxima entrega nos abocaremos a conocer a los tres coros angélicos que forman el segundo anillo. A la segunda jerarquía celestial.


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *