Hanukkah

Desde el atardecer del 25 de diciembre del 2024, al final del 2 de enero de 2025 se celebra este año la Fiesta de las Luces o Hanukkah por el pueblo judío. Esta importante celebración se celebra en día 25 del mes de kislev (el tercer mes del calendario hebreo) y dado que es lunar, es una festividad móvil para el calendario gregoriano que usamos, es decir cae en diferentes fechas. Las cuales pueden ir, de finales de noviembre a finales de diciembre.

Hanukkah, Janucá o Jánuca es una palabra que deriva del verbo “dedicar”. Es una fiesta que conmemora el milagro del aceite del templo de Jerusalén. Antes de explayarnos en el mismo, debemos ubicarnos en el contexto histórico para entender mejor de que va esta festividad. Luego de la muerte de Alejandro Magno, su imperio fue dividido entre sus generales. Uno de ellos fue, Seleuco, que iniciaría lo que luego sería en imperio seléucida. Se asentó en Babilonia, la capital del antiguo imperio persa. Por otro lado, el general Ptolomeo, iniciaría su propio reino en lo que eran las tierras de Egipto. Por supuesto la división del imperio llevo a una interminable lucha por el poder, entre los generales de Alejandro.

Judea estaba bajo el régimen de los Ptolomeos, para el año 200 a.C. Ptolomeo V va a la guerra contra Antioco III de Siria, cabeza del imperio seléucida. En la batalla de Panion, Antioco III arrasó a las fuerzas egipcias y se anexiona Judea. Antioco permitió que los judíos siguieran con sus costumbres sin mayores inconvenientes. Sin embargo, la cosa cambió al asumir un nuevo emperador. Hay que tener en cuenta que entre los judíos había facciones pro egipcias y pro helenísticas, en otras palabras, apoyaban a diferentes imperios. Al asumir Antioco IV Epifanes el trono seléucida, la facción judía progriega convenció al emperador de marchar sobre Jerusalén y de esta manera sacar del templo a los sacerdotes pro egipcios.

No contaron que Antioco había decidido “helenizar” a la población de Judea. Para lograrlo, prohibió la actividad del templo y lo profano convirtiéndolo en un templo para Zeus. Esta situación no fue bien recibida por el pueblo judío que empezó a sublevarse, con la consecuente pérdida de vidas.  Para el año 167 a.C. un gran número de partidarios de los ptolomeos habían sido ejecutados, estaba prohibida la circuncisión y se sacrificaban cerdos en el altar del templo (animal impuro para los judíos). Un sacerdote llamado Matatías y sus cinco hijos iniciaron una revuelta contra Antioco. En el 166 a.C. Matatías fallece y su hijo mayor Judah, conocido como Judah haMacabi (Judah el martillero) tomaría el liderazgo de la revuelta. La Biblia recoge su historia en los dos libros de los Macabeos.

Los Macabeos usaron técnicas de guerrillas frente a un enemigo muy superior en armas y hombres logrando lo imposible, hacer retroceder al imperio, recuperar Jerusalén y su templo. Al igual que en otras ocasiones que rescata la Biblia, unos pocos vencieron a muchos gracias a la ayuda divina. Una vez recuperado el templo, Judah Macabeo ordena su limpieza y purificación, así como la restitución del altar, profanado por los sacrificios de los cerdos. Aunque se encontró con un problema, el aceite que mantenía a la menorá encendida estaba contaminado. Solo un ánfora permanecía pura, ya que estaba cerrada con el sello sacerdotal.

El inconveniente radicaba que solo contenía suficiente aceite para un día. Llenaron la lámpara y procedieron a efectuar el ritual de bendición del aceite, pero este ritual demoraba ocho días en concretarse. De todas maneras, encendieron la menorá y oraron para la pronta restauración del templo. Paso un día y la lámpara se mantenía, al segundo día todos esperaban que la luz se extinguiese, sin embargo, permaneció encendida.  Más gente se fue congregando a orar, a la vez que ayudaba con el acondicionamiento del templo. Al tercer día ya era un hecho que algo estaba sucediendo y se empezó a correr la voz, que la menorá permanecía encendida. Al cuarto día el júbilo era más que evidente. La luz permaneció durante ocho días, mas allá de cualquier esperanza y fuera de toda lógica. Al octavo día se concluyó el ritual de bendición y se llenaron las ánforas de aceite consagrado del templo.

TRADICIONES

Este milagro de la victoria de la luz sobre la oscuridad, es rescatado y atesorado por el pueblo judío. En Janucá, las luces son encendidas para que sean contempladas desde fuera de la casa. A diferencia de la luz del Shabat que es una luz interior. Salvo en épocas de persecución que por obvias razones se encendían dentro de las casas. Dado el historial de persecución de los judíos en Europa, la fiesta de las luces cobra una especial relevancia. Ya que sin importar lo oscuro y sin esperanza del entorno, siempre se puede encender una luz que conforte. Muchas veces esa no es otra luz, que la de la fe que brilla dentro de cada alma humana.

Esta semana en particular se reparten obsequios (de forma similar a como se hace en Navidad), se cena en familia y con amigos, compartiendo las diferentes golosinas y comidas típicas de la fecha. Aquí se hace necesario una aclaración. Posiblemente ya se habrán preguntado que es la menorá. La menorá (en hebreo, lámpara) es un candelabro o lámpara de aceite de siete brazos propia de la cultura hebrea. Se describe en la Biblia por primera vez en el libro del Ëxodo. Se trata de uno de los objetos rituales más importantes del pueblo judío y uno de sus símbolos más antiguos. Ya que se remonta a la época inmediatamente posterior a la salida de Egipto. La primera menorá fue diseñada por el mismo Yahvé y construida por el hábil orfebre Bezalel.

Según los libros de Zacarías e Isaías, la menorá simboliza al espíritu divino. En palabras del Rabino Najman de Brelov “El alma del hombre es la lámpara de Dios. Nosotros somos los que debemos encender las lámparas, lo que nos enseña que es nuestra responsabilidad hacer lo que sea necesario. Si servimos a Dios, incluso ese poquito, estamos encendiendo nuestras propias lámparas, nuestras almas. Entonces Dios nos ayudará asegurándose de que la llama nunca se apague.”  De acuerdo con la Biblia, la menorá fue colocada en el Tabernáculo y posteriormente en el Templo de Jerusalen. Allí, delante del Santo Santorum (donde se encontraba el arca de la alianza) había un candelabro de oro purísimo, labrado a martillo, que tenía siete brazos, en cada uno de los cuales ardía una luminaria.

Asi de importante es este candelabro para los fieles judíos, aunque se les confunde fácilmente con la Janukía un candelabro similar a la menorá, pero de nueve brazos. El cual solo es usado durante esta festividad del Januká. Las luminarias de Janucá se encienden al atardecer, momento en el que (según la tradición judía) comienza el día. La tradición es la de encender progresivamente las luces, una la primera noche, dos la segunda, y así hasta completar las ocho. Una luminaria extra, llamada shamash (‘servidor’ o ‘cuidador’) se enciende primero, y se utiliza como llama piloto para encender a las demás. El shamash tiene una ubicación distinta al resto, usualmente más alta, más baja o al costado de las ocho lamas de la festividad. El propósito de esta luminaria piloto es adherir a la prohibición indicada en el Talmud, según la cual las luces de Janucá no pueden ser utilizadas para nada más que recordar la historia de Janucá y meditar sobre ella. En este sentido, las luminarias de Janucá difieren de las velas del Shabat, que son utilizadas para iluminar. De esta forma, si se necesitase iluminación en Janucá, el shamash cumpliría esta función y evitaría el uso de las luces de Shabat para iluminación, evitando infringir la prohibición.

El shamash no cuenta entonces entre las luminarias de Janucá, por lo que, de hecho, la primera noche se encienden dos luces (el shamash y la primera luminaria), el segundo día se encienden tres, y así sucesivamente. En total, al finalizar los ocho días, se encendieron 44 luminarias (36 sin contar el shamash). Las luminarias pueden ser velas o lámparas de aceite. En casos en los que una llama abierta no está permitida, se puede (y a veces se hace) utilizar luces eléctricas. La mayoría de los hogares judíos tienen un candelabro especial para Janucá. La intención de las luminarias de Janucá no es la de “iluminar adentro de la casa” sino como ya señalamos “iluminar afuera de la casa”, de forma que los transeúntes puedan verlas y recordar el milagro de la festividad. Por esto, se ubican en una ventana prominente o cerca de la puerta que da a la calle. Entre los ashkenazi se acostumbra a que cada miembro de la familia tenga su propia janukiá, mientras que los sefardíes tienen una para todo el hogar.

Otra tradición consta de lo siguiente. Luego del encendido de las luces, mientras las mismas todavía están a la vista, es entonar el himno Maoz Tzur, escrito en la Alemania medieval. Este himno contiene seis estrofas. La primera y la última tratan sobre temas generales de salvación divina, y las cuatro intermedias hablan de eventos de persecución de los que los judíos fueron víctimas. Alabando a Dios por su supervivencia a pesar del éxodo de Egipto, el cutiverio en Babilonia, el Purim y la victoria Hasmodea. Aunque se deberían de agregar otros momentos trágicos en la historia de este pueblo.

Por ultimo vamos a mencionar al Dreidel. Que no es otra cosa que un trompo o perinola de cuatro lados en los cuales se escriben cuatro letras En muchos hogares judíos se acostumbra a jugar con el dreidel después de encender la janukiá. Cada jugador comienza con unas 10 o 15 monedas (es común utilizar monedas de chocolate), caramelos u otras golosinas. Se coloca una golosina en el “pozo”. Se lo hace girar, se gana o se pierde según la letra que salga, según palabras en idish: Nun–nisht, (nada) no pasa nada, y es el turno del siguiente jugador. Guimel–gants, (todo) el jugador se lleva todo el pozo. He–halb, (mitad) el jugador toma la mitad del pozo, redondeando para arriba si hay un número impar. Shin–shtel ayn, (poner) el jugador pone una golosina en el pozo. El juego continúa hasta que un jugador haya ganado todo.

Algunos indican que el juego conmemora un juego ideado por los judíos para esconder el hecho de que estaban reunidos estudiando la Tora, algo prohibido por los griegos. Los judíos se reunían en cuevas para estudiar. Un centinela avisaba si se acercaban soldados griegos. Si estos eran avistados, los judíos escondían los rollos de la Tora y hacían girar trompos, para que los soldados creyesen que estaban apostando y no estudiando.  Como pueden apreciar, esta es una festividad que cuenta con más de dos milenios de antigüedad y una amplia y colorida historia.


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