Luego que las fuerzas imperiales romanas comandadas por Tito, destruyeran Jerusalén en el año 70 y con ella, al Tempo de Herodes. El pueblo judío comenzaría la primera diáspora que los dispersaría por los cuatro confines del imperio. Parte de estos refugiados llego y se estableció en lo que hoy es Praga, en la República Checa. Nadie por ese entonces hubiese imaginado que el cristianismo llegaría a ser la religión oficial del Imperio romano y mucho menos que se propagaría por toda Europa. Llegando a rincones como Moldavia y Bohemia.

La ciudad de Praga tiene más de mil años de historia. Por ella pasaron cruzados para tierra santa. de ida y de vuelta. Fue el escenario del evento, que inicio de la guerra de los treinta años. Perteneció al sacro imperio. Vio todo tipo de enfrentamientos entre protestante y católicos, que derivarían en guerras fratricidas abiertas. Y en medio de todas esas tensiones, se encontraban los judíos.
Como ocurría en toda Europa, los judíos se congregaban en barrios específicos llamados guetos. Donde se segregaban del resto de la población, que en su mayoría era cristiana. El cristiano medio de la época poco o nada sabía sobre las tradiciones judías. O quienes eran, salvo que habían condenado y matado a Cristo. Esta segregación, sumada al propio hermetismo de la comunidad judía, los convertían en blancos fáciles para el odio.

Algo que se repetiría muchas veces en Europa con el transcurso de los siglos. La ignorancia alimentada, por el misterio de un grupo humano cerrado, es el caldo de cultivo perfecto para la creación de un enemigo. Un responsable de todas las penurias y desastres que padece la sociedad. Un chivo expiatorio.
Durante la edad media, las cruzadas contra los musulmanes en tierra santa, alimento un odio xenófobo por los habitantes de oriente medio. En especial hacia los judíos, que no eran visto como el pueblo elegido por Dios. Sino como los responsables directos de la muerte del Mesías. Esto genero todo tipo de persecuciones por toda Europa. En España, los reyes católicos expulsaron de su territorio a todo judío que no se convirtió al cristianismo. La segunda diáspora.

Para el siglo XVI, Praga era una ciudad convulsa por las tiranteces surgidas dentro del seno de la creencia cristiana. Estas tensiones venían de la mano del pensamiento protestante. Los cuales diferían sobre la política de Roma y su centralismo. No reconocían la autoridad del Papa como jefe del cristianismo. En lo único en lo que parecían estar de acuerdo católicos y protestantes, era que los judíos no eran de fiar.
Se les acusaba descabelladamente de secuestrar y matar niños, para usar su sangre en sus rituales extraños. Los rituales judíos, por otro lado, estaban claramente descritos en la biblia, así como el tipo de animal que se debía sacrificar en el templo de Jerusalem, que ya no existía. Eso lo sabían tanto los sacerdotes, como los nobles que no hacían mucho, para corregir esa falsedad. No eran raros los ataques a la comunidad judía (por parte de turbas armadas). Las cuales descargaba sus frustraciones y su anhelo de revancha, sobre personas inocentes, que sabían no responderían a estos ataques.

Es en este escenario que aparece la leyenda del Golem. Una criatura enorme y muy fuerte, que aparecía por las noches. Protegía a la comunidad judía de sus atacantes. Era invulnerable a las armas, no sangraba y no emitía ningún sonido. Aparecía y desaparecía a voluntad, casi como un fantasma. Siempre en las cercanías del gueto, pero no dentro del mismo. Las víctimas eran generalmente, grupos de revoltosos, armados con palos, que golpeaban a los judíos que encontraban fuera de su barrio. Algo interesante en su metodología. Ya que de haber sido golpeados dentro del gueto, dispararía una respuesta armada de la autoridad civil. Fuera del gueto quedaba como una riña callejera entre borrachos o delincuentes.
Las victimas relataban, que entre las sombras, aparecía un gigante de grandes manos, que los sopapeaba de forma contundente y pesada. Rompiendo algún que otro hueso, dejándolos maltrechos, pero con vida. Esto se repitió en varios puntos de la ciudad. Al caer la noche, los que buscaban judíos para apalear cerca de su barrio, terminaban siendo ellos mismos apaleados. Esto genero una caída sustancial de los ataques a los judíos y un aumento de presencia policial en la zona. Lo que derivó naturalmente en una mayor seguridad para la población judía. El rumor de que un golem, era el responsable, corrió entre la comunidad judía.

La pregunta que cualquiera se haría es ¿Qué o quién es un Golem?
Al parecer fue la creación de un afamado y sabio rabino llamado Judah Loew ben Bezalel. Con el propósito efectuar las obras de mantenimiento en la sinagoga de Praga. El rabino era un gran maestro cabalístico y por medio de su arte, habría insuflado vida a una estatua de arcilla. Lo hizo invocando el poder divino y grabando el nombre secreto de dios, en la frente de la estatua. De este modo, Judah había creado al golem.
O mejor dicho a “un golem”. Al parecer no era la primera vez que se sabía de su existencia. El golem habría sido creado en múltiples oportunidades, por sabios rabinos a lo largo de la historia. De hecho, la inspiración para la creación de esta criatura, fue el mismo Adán.
Dios al crea al primer hombre con barro. Insuflándole después, la chispa divina que le da vida, a traves de la palabra. De igual manera, una persona cercana a Dios, con cierto grado de santidad. Podría crear un golem, como una expresión patente de sabiduría. Sin embargo, solo sería una sombra comparada con la creación divina y carente de un alma propiamente dicha.

Dado que solo Dios puede crear un alma, el golem es en esencia un autómata descerebrado que cumple las ordenes de su creador, sin cuestionar y sin responder (ya que carece del habla). Así que, en la práctica, es más un robot que un ser vivo. Como curiosidad, la palabra “robot”, es de origen checo y define exactamente lo que es un golem.
Este tiene una forma humanoide, de unos dos metros de altura. Poderosos brazos y piernas. Una vez terminado el ritual de súplica, es grabado en la frente uno de los nombres de Dios o la palabra Emet (verdad: en hebreo) esto activaba al golem, luego se escribía en un papel lo que debía de hacer y se le colocaba en la boca. Lo ordenado se cumplía al pie de la letra. Para desactivarlo solo bastaba con borrar la primera letra, de la palabra escrita en la frente.

No importaba se le destruían un brazo o pierna, este podía re ensamblarse a similitud de un terminator moderno. Este protector y sirviente, desapareció tan misteriosamente del curso de la historia, como había aparecido, sin dejar rastro. Se dice que aún existe, escondido en una habitación secreta de la vieja sinagoga Staronová de Praga. En un viejo baúl, a la espera de ser necesitado de nuevo, sus servicios.
Hay algunas historias que lo ubican durante la terrible ocupación nazi de Checoslovaquia, durante la segunda guerra mundial. Algunos agentes de la Gestapo, así como oficiales de las SS desaparecieron misteriosamente. En principio se le adjudico el crédito a las fuerzas de resistencia checas. Pero el rumor del que el golem de Loew era el autor, corrió como un incendio entre los pocos judíos aun presentes en Praga.

La mención del golem apareció en la literatura en varias oportunidades. La primera fue en 1837 en la obra Espinoza, del alemán Berthold Auerbach. En esta novela, el golem madura y se vuelve incontrolable matando a varios perseguidores de los judíos en Praga. Estos negocian con su creador, su destrucción a cambio del cesar los ataques a la comunidad judía. Este accede borrando la primera letra del nombre grabado en la frente, lo cual lo vuelve a su estado original inerte. Una masa enorme de arcilla.
Resulta curioso como esta historia ha calado en el imaginario occidental y sus increíbles similitudes a los autómatas actuales. Como, de una idea pensada en el siglo XVI encaja tan bien en las posibilidades actuales, donde la inteligencia artificial y la robótica ya son un hecho consumado. Por supuestos hay un sinfín de implicaciones morales en la historia del golem , tal vez la más evidente es la capacidad de llevar a cabo cualquier orden sin cuestionar las consecuencias de las mismas.

Ha quedado demostrado que obedecer ciegamente, es un atributo de una maquina sin conciencia.
Todos sabemos que ocurre, cuando las personas obedecen ciegamente sin cuestionarse la moralidad de ciertas órdenes. Llevando a cabo actos de repudiable naturaleza. El golem de Praga obedecía a una persona cercana de Dios y por ende de gran santidad. Sus acciones eran equilibradas, porque las ordenes la emitía una persona justa. Y no había manera que un individuo malvado pudiese crear o manejar a un golem.
¿Y si pudiese? Cuanto desastre podría llevar al mundo.
Tal vez el buen rabino Judah Loew, se lo habrá preguntado. En su tiempo había personas que actuaban como su golem, sin cuestionarse nada. Ni siquiera el hecho si era bueno o no, apalear inocentes por una calle oscura de Praga. Loew no vivió para ver los horrores que sufriría Praga en el siglo XX, en manos de individuos aún más inmorales. Que se escudaban en la excusa de la obediencia, de la doctrina y que estaban haciendo lo mejor para el mundo. Lo único que querían era para dar libre curso a sus más bajos instintos, amparados por la impunidad del poder.
Lo lamentable es que hay muchos de ellos sueltos por el mundo.

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