Hoy vamos a emprender un viaje, cuyo destino está muy lejos en el tiempo y al otro lado del mundo. Un tiempo mítico, 4000 años en el pasado en lo que conocemos hoy como medio oriente. Hay que tener un par de cosas en consideración, esta masa de tierra conecta África con Europa y Asia. Fue y es la principal encrucijada de caminos de la humanidad. Si se teman el tiempo de ver las diferentes migraciones humanas, cuyo origen es África, verán que la gran mayoría cruzaron por oriente medio. La primera ciudad que se tiene noticias fue fundada en esas tierras y gran parte de la génesis de occidente tiene su cuna en esas fértiles tierras, rodeadas de desiertos.
En Ur de Caldea la primera ciudad se desarrolló uno de los grandes inventos de la humanidad, la escritura. Gracias a ella se conocen los nombres de los dioses antiguos, sus prácticas y mitologías. Ya que lo escrito en antiguas tablas de arcilla, se preservo gracias al clima seco de la región quedando un registro que aún se puede leer. Y en cuanto al dios que vamos a conocer hoy, existen los registros bíblicos y egipcios como fuentes complementarias.

¿Quién es Baal?
Comencemos por el origen y análisis del nombre, algo que a muchos aburre, sin embargo, arroja mucha luz a la hora de comprender la esencia de lo que estamos hablando. Baal (en semítico cananeo, baʕal, “amo” o “señor”; en hebreo y árabe, Báʿal . El término Baal viene del latín, que a su vez llegó del griego Βάαλ (Báal), esto como resultado de traducir la Biblia al latín. La forma original semita BʿL no tiene vocales. En las lenguas semíticas del noroeste, ugarítico, fenicio, hebreo, amorreo y arameo, la palabra Baal significaba «dueño» y, por extensión, «amo o señor», incluso maestro y esposo. Su variante femenina Baalah, significa «dueña» en el sentido de una dueña o señora de la casa.
Es una antigua divinidad de varios pueblos situados en Asia Menor, en la región que hoy en día comprende el Líbano, Israel, Siria y partes de Turquía, entre otros lugares. Fue adorada por varias culturas del Medio Oriente: babilonios, caldeos, fenicios, filisteos, sidonios y cartagineses.
Baal era considerado un dios principal en estas culturas, asociado con la fertilidad, la agricultura y el poder divino sobre la naturaleza. Generalmente representado como un dios joven y vigoroso, con una poderosa conexión con el ciclo de las estaciones y los fenómenos naturales. A menudo se le vinculaba con la lluvia, la tormenta y la fertilidad de la tierra, lo que lo convertía en una figura crucial para el éxito de la agricultura. Como deidad del cielo y del tiempo atmosférico, se creía que controlaba la lluvia y, por lo tanto, el flujo de las cosechas.

Baal y Ugarit
Poco se sabía de la adoración a Baal hasta que las excavaciones de Ugarit (la actual Ras Shamra, situada en la costa de Siria. Frente al extremo nordeste de la isla de Chipre). Estas excavaciones sacaron a la luz muchos objetos religiosos y cientos de tablillas de arcilla. Se cree que muchos de esos documentos antiguos (conocidos ahora como los Textos de Ras Shamra) son las liturgias religiosas, las palabras que recitaban aquellos que participaban en los rituales. En estos textos se nombra a Baal como Aliyán (“prevaleciente”), así como “Zebul (príncipe) de la Tierra” y “el Jinete de las Nubes”
Estos nombres armonizan con una representación de Baal en la que se le muestra sosteniendo en la mano derecha un garrote o maza y en la mano izquierda un relámpago que acaba en una punta de lanza. También se le representa llevando un yelmo con cuernos, lo que parece indicar una estrecha relación con el toro, símbolo de la fertilidad.
Los archivos de Ras Shamra contienen lo que ha dado en llamarse el ciclo canónico de Baal, que representa la tradición más conservada de la historia mitológica de esta deidad. Si bien los textos en algunas ocasiones no conservan una unidad temática o cronológica, permiten una reconstrucción bastante completa de la ideología religiosa de los habitantes de Ugarit. Y hacernos una idea general de sus atributos.

Baal y su mitología
Su padre es el dios El, la deidad principal de la mitología cananea, se lo conocía como “padre de todos los dioses”, el dios supremo, “el creador”, “el bondadoso”. Por lo general, al dios El, se le representaba como un toro con o sin alas. También se lo llamaba Eloáh o Elah. Su esposa principal era Asera (Astarté, Athirat o Ishtar), diosa madre de Baal y la más importante de las diosas. Su hijo Baal era representado como un joven guerrero, pero también como un toro joven (un becerro). En el templo de El-Il-Dagan (en Ugarit), Baal y el dios El estaban juntos.
La consorte de Baal en Cartago era llamada Tanit, (es la diosa más importante de la mitología cartaginesa. Equivalente a la diosa fenicia Astarté, era representada por la luna, la sexualidad, la fertilidad y la guerra. Fue adorada también en Egipto e Hispania). Uno de los hermanos de Baal y dios rival, es el dios semítico del caos , el mar y las tempestades, llamado Yam cuyo culto rivalizó con el culto de Baal, ambos hijos del dios principal El, los cuales formaban parte de la corte de dioses menores llamada Elohim.
Baal y Yam
Se cuenta en las tablas de Ugarit, que un día el dios Yam se lamentaba de su pobre situación. El dios Nahar termina convenciendo a El, el dios supremo, de respaldar a Yam como rey de los dioses y del universo. Yam, no obstante, para poder hacerse al título de rey de los dioses, debe derrotar a su más claro oponente, el dios Baal, su hermano. El convoca a los dioses del Monte Safón, (el equivalente al Olimpo de los griegos) a un banquete en el que deberán decidir a quién respaldarán en el duelo. A Yam, que cuenta con el consentimiento de El, o a Baal, que es visto como la deidad retadora y rebelde.

Kotar el dios de la artesanía, se inclina por Baal, mientras que Anat diosa de la guerra, mantiene una posición más respetuosa de la voluntad de El. A pesar de la postura de Kothar, El le ordena que le construya un palacio a Yam, ya que sin palacio no podría regir en Safón. Esto enfurece a Baal y marca el preludio de la contienda. Un tercer aspirante al trono, el dios Athar, intenta entrar en la contienda, pero es pronto convencido de no hacerlo por el dios sol Shapash. Baal declara la guerra a Yam, lo cual implícitamente también es una declaratoria de guerra contra El. El le ordena a Baal que se someta a Yam.
Baal no accede y afrenta a su hermano matando a unos de sus mensajeros, y tras algunos discursos que no se conservan en las tablillas, el texto describe el combate entre Yam y Baal. Baal desciende al mar, que es la morada natural de Yam, el cual tiene la ventaja. Intenta un par de maniobras, pero sus armas son inútiles. Intenta matarlo por segunda vez, sin éxito. Cuando la batalla se encuentra prácticamente perdida y Baal a merced de Yam, el dios Kothar interviene. Le regala a Baal dos armas mágicas, unas poderosas mazas que logran darle la victoria. Al rechazar las pretensiones del dios del mar, principio de la muerte y el desorden, Baal salva al universo de un retorno al caos. Finalmente, Baal se dirige a donde está su padre El para solicitarle que le reconozca como el líder legítimo de los dioses.

Algo muy interesante de esta historia y de las dos que la siguen es que en los hechos y registros históricos sobrevivientes se da un cambio en el panteón de las deidades cananeas algo muy similar a lo que ocurre en el panteón de dioses griegos. Hay un cambio de dioses principales, en los griegos es más acentuado. Aquí Baal pasa a ser el dios principal en el aspecto ejecutivo y militar, mientras El permanece como el creador, cediendo si se quiere ver así, parte de su poder y dando un paso al costado. El termino Elohim que se refiere a la corte de los hijos de El, se conecta con lo más antiguo que rescata la Biblia judía, el Génesis. Nuestro próximo articulo tratara al dios El para lograr una unidad temática unida y lógica. Pero volvamos con Baal y los problemas con su templo y Mot.
Baal y su Templo
Tras su victoria contra Yam, Baal recibe el respeto de su hermana y esposa, la diosa Anat. Le manifiesta a ella, su deseo de proveerse de rayos y truenos, sus atributos principales. Anat se da cuenta de que sin un palacio, Baal no podrá gobernar sobre los dioses. Entonces, se dispone a convencer a El, de autorizar la construcción de dicha mansión. Ella sabe que posiblemente El se opondrá, es entonces que ella manifiesta su disposición a hacer uso de medios violentos para lograr su cometido. No se tiene registro de la respuesta de El, pero se sabe que Anat tuvo que lograr el consentimiento de Asera (esposa de El). Así como del resto de los dioses engendrados por El y Asera. Luego de muchas idas y venidas, Asera convence a El de legitimar a Baal y de darle un palacio
Habiéndose obtenido la autorización del panteón, Kothar se procede a la hechura del palacio, el cual poseerá una claraboya para permitir que la voz de Baal (el trueno) y su arma (el rayo) salgan, para asombro de dioses y mortales. El palacio es construido para deleite de Anat y de Baal. Ya con su palacio y el nombramiento de Rey de los Dioses, Baal procede a exigirle al dios del inframundo, Mot, que reconozca su autoridad.

Anat y Mot
Mot resuelve no someterse a Baal, en represalia por la derrota de Yam. Mot es el dios de la muerte y del inframundo. Baal, sorpresivamente, se rinde ante Mot, y acepta descender al inframundo para morir, bajo la condición de que siga habiendo fertilidad en la tierra de los humanos. La mitología ugarítica, explicaba la muerte como el ser «tragado» por las fauces del hambriento Mot y Baal, aun siendo un dios, estaría sometido a esta misma mortalidad.
Baal desciende al inframundo y muere, lo cual genera los lamentos de El y Anat, aunque Anat sospecha que El y los demás dioses secretamente se alegran de la muerte de su esposo. Con Baal muerto hay que buscar quién lo reemplace como rey de los dioses, y El elige a Athtar. Este dios, sin embargo, se comprueba incapaz para ejercer esta función, lo cual deja a Mot como el único posible heredero al trono. Un eventual reino de Mot conllevaría la extinción de la vida en la tierra, y por eso Anat decide ir a rescatar a su difunto esposo Baal del vientre de Mot, para así hacerlo regresar a la vida. (Hay varios entrecruzamientos con historias similares en la mitología griega (Hércules y Medea, Morfeo y Eurídice) y egipcia (Osiris e Isis)
Cuando, en efecto, Anat (diosa de la guerra) desciende a luchar contra Mot y lo mata, logra revivir a Baal, lo cual alegra a los dioses de Safón, especialmente a El, que veía con preocupación un reinado de Mot. Anat, junto con Shapash (dios sol), buscan el cuerpo revivido de Baal. Baal, no obstante, no puede subir al trono inmediatamente, sino que debe luchar contra Mot para ganarse su título (Mot, como se ve, muere y no muere, lo cual es típico de la teología de Ugarit). Se siguen varios enfrentamientos encarnizados entre Baal y Mot, hasta que el debilitado Mot se rinde, aconsejado por Shapash.

Baal y los diferentes pueblos que le adoraban
Baal era ya venerado en el 3000 a.C. por los semitas amorreos quienes le conocían con el nombre de Hadad (con sus variantes Adad, Haddu, Addu, Had, Ad). Ese culto fue introducido en Egipto aparentemente por los hicsos (pueblos de origen semita que hacia el siglo XVIII a.C. reinaban en el delta del Nilo. Aquí fue fue identificado con Seth, un dios guerrero, hermano de Osiris. También fue asociado a Montu. Pero durante la décima octava dinastía, su culto en Egipto sería denigrado.
En la antigua región de Canaán no suele llover desde finales de abril hasta septiembre. Las lluvias comienzan en octubre y continúan durante todo el invierno hasta abril, gracias a lo cual crece una abundante vegetación. La unión de Baal con su esposa, probablemente Astarté se creía que garantizaba la fertilidad durante el año entrante. Los agricultores y ganaderos cananeos posiblemente pensaban que el participar en rituales prescritos (una especie de magia imitativa) durante sus fiestas religiosas estimulaba a sus dioses a actuar según el modelo representado en esas fiestas, y esto era necesario para tener cosechas y rebaños productivos durante el nuevo año, así como para alejar sequías, plagas de langostas, etc. De modo que la vuelta a la vida de Baal para ser entronizado y unirse a su consorte se celebraría con ritos de fertilidad licenciosos.

Toda ciudad cananea debió tener su santuario en honor al Baal de su localidad. Asimismo, se nombraban sacerdotes para dirigir la adoración en estos santuarios y en los muchos lugares sagrados que se hallaban en las cumbres de las colinas cercanas y que eran conocidos como «lugares altos». Es posible que en el interior de dichos lugares sagrados hubiese imágenes o representaciones de Baal, en tanto que en el exterior, cerca de los altares, se encontraban las columnas de piedra (probablemente símbolos fálicos de Baal), los postes sagrados que representaban a la diosa Aserá y estantes de incienso. Uno de los textos de Ras Shamra menciona una ofrenda a la «Reina Shapash [el Sol] y a las estrellas», y otro alude al «ejército del Sol y la hueste del día».
Cada localidad tenía su propio prefijo o sufijo en nombre de Baal, al que se solía calificar mediante un nombre geográfico, como tributo al nombre de dios. Por ejemplo, el Baal de Peor (Baal-peor), adorado por moabitas y madianitas, tomó su nombre del monte Peor. Más tarde, los nombres de esos baales locales llegaron a incorporarse, por metonimia, a los mismos nombres geográficos, como, por ejemplo: Baal-hermón, Baal-hazor, Baal-zefón y Bamot-baal.
Baal y el pueblo judío
En la Biblia, el dios Baal es considerado como uno de los falsos dioses, al cual los hebreos rendían culto en algunas ocasiones cuando se alejaban de su Dios, Yahweh. Baal Fue adorado por los fenicios junto al dios Dagon (el más importante de su panteón). Baal aparece unas noventa veces en el Antiguo Testamento en referencia a varias deidades. Los sacerdotes del Baal cananeo son mencionados un gran número de veces, especialmente en el libro de Primera de Reyes. Muchos estudiosos consideran que este hecho refleja el ambiente de la época en la que la reina Jezabel intentó introducir la adoración del Baal de Tiro (Melkart) a la capital israelita Samaria en el siglo IX a. C.

Se menciona un duelo entre el profeta Elias y los sacerdotes de Jezabel (1 Reyes 18, 20-39). Según este relato, ambos bandos ofrecieron un reto que consistía en prender la leña donde se había sacrificado un buey, el dios que invocando lograse prender el fuego sería el verdadero. Baal no logró encender el sacrificio de sus seguidores, en tanto Yahweh envió fuego del cielo que quemó el altar de Elías hasta convertirlo en cenizas, aún a pesar de que este había sido mojado con abundante agua. Acto seguido, la audiencia siguió las instrucciones de Elías y mató a los sacerdotes de Baal, lo cual llevó a Yahweh decidiera volver a enviar lluvia al país después de una fuerte sequía. En diversas ocasiones el texto hebreo se refiere a «los baales» (en plural) para referirse en conjunto a las estatuillas e imágenes de los diversos dioses de las religiones cananeas, posiblemente no sólo a las de Baal.
A pesar de las Reformas de Elias, el culto a Baal continúa. El libro de Oseas narra a los israelitas dando ofrendas a Baal, mientras Yahweh tolera eso por amor a su pueblo, pero advirtiendo que tendrá fin. “En aquel tiempo, dice Yahweh, me llamarás Ishi “mi esposo, y nunca más me llamarás Baali “mi Baal”. Porque quitaré de su boca los nombres de los baales, y nunca más se mencionarán sus nombres. Oseas 2”
El ocaso de Baal
Todo tiene un final y los dioses no son una excepción. Como ya dijimos el territorio donde se veneraba a Baal era una gran encrucijada de comercio, cultura y por ende de riquezas. Lo que no extraña que grandes imperios se disputasen esos territorios. Y los invasores también traían consigo sus propios dioses. Lentamente su culto fue cambiando y luego fue olvidado. Aunque su influencia aún se puede leer en algunos nombres como: Hanibaal o Aníbal, Asdrubaal o Asdrúbal, Baltasar , Beltis o Baaltis o Baal Zvuv o Belzebuth (Belcebú).

En el judaísmo y luego en el cristianismo las diferentes acepciones de Baal serian sinónimos de demonios. ¿Qué mayor caída para el dios de la lluvia y la fertilidad que ser degradado a un demonio? Hay un Baal en particular que deje para el final, uno que se le ofrendaban niños (posiblemente primogénitos) y que la biblia rescata como Moloch o Molok. Hay una gran controversia al respecto ya que los sacrificios humanos en hogueras no eran comunes en la época. Algunos piensan que el nombre estaba equivocado o que dichos sacrificios se ofrecían como una medida desesperada. Sea como fuese todo aquel que ha leído una Biblia, no siente la menor simpatía por Baal y sus rituales. Probablemente ese era el efecto que se deseaba transmitir.
Para la próxima entrega no las veremos con El, el padre de Baal

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