La Fiesta del Sacrificio

Este año desde el domingo 16 de junio al jueves 20 se celebra una de las festividades más grande del calendario musulmán, conocida como Eid al-Adha o Aid al-Adha. Que podría traducirse como la Celebración del Sacrificio. También llamada Aid al-Kebir (Fiesta Grande). Esta festividad conmemora el pasaje recogido en el Corán, así como en la Biblia, sobre la decisión del patriarca Abraham de sacrificar a su único hijo, como un acto de obediencia a Dios. Algo que no sucedió, ya que Dios intervino mandando un ángel. Luego proporciono un cordero que toma el lugar del joven hijo.

En Malí, Níger, Senegal y Benín la llaman Tabaski a esta fiesta, y Tafaska en Africa del Norte. En muchos lugares de habla hispana es conocida como Fiesta del Cordero o también como Fiesta del Borrego. Esta festividad, cuya fecha no es fija con respecto al calendario gregoriano o a las estaciones, tiene lugar el décimo día del mes de Du ul-Hiyya. Durante este mes tiene lugar la gran peregrinación a La Meca que todo musulmán debe de hacer por lo menos, una vez en la vida.

Abraham (Ibrahim en árabe) era descendiente de una larga lista de personajes bíblicos siendo su ancestro más famoso el gran Noé. Abraham ya contaba con una avanzada edad, cuando se casó con su medio hermana Sara. Una mujer de gran belleza, la cual se dice que era estéril, por lo que no podía tener descendencia. Tras vagar años por Egipto, la pareja volvió a Canaán para pasar el resto de su vida en la zona. Construyendo un altar para alabar a Dios, el cual visitaban todos los días.

Fue por ese entonces, que Sara ofreció a su esclava egipcia a Abraham. Para que la descendencia de Abraham se perpetuase y no muriese con él. De la relación entre la esclava Agar y Abraham nació Ismael. Esto creó tensiones entre ambas mujeres. Sara acuso a la esclava Agar, de burlase de ella por su infertilidad. Esto provoco que fuese expulsada de esta familia de pastores nómadas. Agar vagó por el desierto solo con su hijo Ismael por días, según relata el Génesis, en la Biblia. Un ángel se le apareció y le dijo a Agar en nombre de Dios que su descendencia sería incontable. Los pueblos árabes consideran a Agar la mujer legítima de Abraham y se consideran descendientes de este, a través de su hijo Ismael.

Cuando Abraham llegó a los 99 años recibió junto a su mujer la visita de Dios. El cual les dijo que su promesa se cumpliría en breve, y que Sara podría engendrar un hijo. El hijo de la pareja fue Isaac. Algún tiempo después del nacimiento de Isaac, el Señor ordenó a Abraham que le ofreciera a su hijo en sacrificio. El lugar designado fue en la región de Moriah, donde existía unas elevaciones y donde mucho tiempo después se fundaría Jerusalén (esto explica en gran medida la importancia de esta ciudad para las tres principales religiones monoteístas). El patriarca viajó durante tres días, hasta que encontró el túmulo que Dios le mostró. Ordenó al siervo que esperara, mientras que él e Isaac subían solos a la montaña. Isaac llevando la leña para inmolar el sacrificio. A lo largo del camino, Isaac pregunto una y otra vez a Abraham sobre dónde estaba el animal para el holocausto. Abraham respondía que el Señor proporcionaría uno.

Al llegar a la cima acomodaron la leña. Isaac buscaba con su vista donde estaba el animal a sacrificar. Abraham lo calma, lo abraza y besa. Le dijo que todo estaba en orden. Lo abrazo con el brazo izquierdo y coloco su mano sobre sus ojos. Mientras que con la mano derecha extrajo el cuchillo con el cual lo degollaría. El rostro cubierto de lagrimas y mientras agradecía a Dios, su mano descendía, sin duda rumbo a la garganta de Isaac. La mano nunca llego al cuello del jovencito, fue sostenida firmemente por un ángel que le dijo:: “No extiendas tu mano contra el niño, ni le hagas nada; pues ahora conozco que eres temeroso de Dios”. Señalo un arbusto donde un hermoso carnero había enredado sus cuernos. El cual fue sacrificado en lugar de su hijo. Como recompensa por su obediencia, Abraham recibió otra promesa divina, la de una numerosa descendencia y prosperidad. Después de todo, en nombre Abraham significa “padre de multitudes”. Así lo relata la Biblia, de la misma manera lo relata el Corán, con la diferencia que el niño es Ismael.

El Eid al-Adha se caracteriza por la ofrenda de un sacrificio animal (comúnmente una vaca o un cordero macho) como acción de gracias a Dios por salvar la vida de Ismael, hijo del profeta Abraham. En este día, los musulmanes que están en La Meca concluyen los ritos de su peregrinación y después de la oración especial, realizan el sacrificio animal. En algunos lugares no se considera obligatorio esta práctica y se recomienda solo a las personas que dispongan de los medios económicos para procurarse la oveja o la vaca. Por el contrario, en Turquía muchos consideran el sacrificio como algo obligatorio.  

En algunos países como Marruecos, además de la ofrenda animal y los momentos de oración, esta festividad incluye regalos para los niños y las niñas. En el caso de los peregrinos de La Meca, y como parte del final del Hajj, los hombres se afeitan la cabeza y se deshacen de sus prendas blancas usadas durante los días anteriores, mientras que las mujeres se cortan mechones de pelo como símbolo de renacimiento y renovación. Los musulmanes que no realizan la peregrinación a La Meca en este momento, pueden celebrar Eid al-Adha en sus lugares de residencia, acudiendo a las mezquitas para la oración. Normalmente suele celebrarse al aire libre, en las afueras de las ciudades, en una zona abierta denominada musalla.

Los musulmanes acude a la oración, tras haber realizado la ablución mayor o gusl y haberse ataviado con su mejor ropa, limpia y perfumada. Se recitan unos versículos del Corán, que sólo se mencionan durante las dos fiestas anuales y en los entierros. Los musulmanes glorifican a Dios hasta que el imán (lider o sacerdote) inicia la oración recitando siete takbir (Allahu akbar) y haciendo dos prosternaciones. Después el imán pronuncia una jutba (sermón del viernes) a los miembros de la comunidad que se hallan presentes. Por último, se disuelve la reunión y los asistentes se saludan en señal de hermandad y se felicitan por la fiesta.

La tradición indica que la mañana del día de Eid al-Adha, luego de la oración especial hecha veinte minutos después de la salida del sol, el jefe de cada familia es el responsable de sacrificar al animal, esto si la ley del país lo permite. De no ser posible, existe la autorización de que un carnicero o una tercera persona lleve a cabo esta tarea. Siempre buscando infligir el menor dolor posible. Dirigiendo la cabeza del animal hacia La Meca y dejando que su cuerpo expulse toda la sangre, para que la acción –y la carne que resulte de ésta– sea considerada halal (permitido).

Aunque lo más común es sacrificar una oveja o una vaca, de acuerdo con la región o país la ofrenda puede ser un toro, una cabra, una ternera e incluso un camello o un dromedario. En el caso de los bovinos, el animal debe tener más de dos años de edad, en el de los ovinos, al menos seis meses. Aunque lo más recomendable es que sean mayores de un año. Deben estar sanos y no tener ningún defecto físico (ceguera, miembro amputado, etc.). Los machos castrados están autorizados. Tras el sacrificio, la carne es separada en tercios: uno para la persona que obsequia la bestia, otro para repartir entre parientes y vecinos, y el último para los necesitados (huérfanos y pobres), independientemente de su religión o nacionalidad.

En Francia, se estima que se sacrifican un promedio de cien mil ovejas para ofrendar durante Eid al-Adha. La mayor fiesta musulmana, que recuerda la tremenda prueba de Fe que Dios le impuso a Abraham y como un carnero suplió a Ismael (o Isaac), de ese terrible destino.


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