La Ascensión de Cristo

Hoy 9 de mayo se celebra la Solemnidad de la Ascensión de Cristo. En la Iglesia Católica, una solemnidad es el nivel más alto de las celebraciones litúrgicas. Ya que conmemora un hecho de primer orden para la fe. Estas cuentan con lecturas específicas, tomadas del Leccionario dominical y sus misas poseen oraciones propias para cada una de ellas, e incluso la bendición solemne. Todas las solemnidades tienen su oficio propio, que comienza al atardecer del día anterior con la celebración de las primeras vísperas. Las más importantes tienen su vigilia, es decir misa propia el día anterior y cuentan con octava (la celebración se prolonga durante toda la semana siguiente)

Esta celebración es de las más importantes del calendario, se celebra cuarenta días después del Domingo de Resurrección (La Pascua) y conmemora la ascensión de Cristo al cielo. Esto sucedió en presencia de sus discípulos, tras anunciarles que les enviaría el Espíritu Santo. Esta promesa se cumplió diez días después, en Pentecostés.  La doctrina cristiana sostiene, que Cristo ascendió en forma física al Cielo, después de su Resurrección. Se entiende por “ascender al cielo”, como una unión física con Dios Padre. Y no como una transformación espiritual, lo habitual en las personas que experimentan una revelación mística. Esta faceta del Misterio Pascual, se relaciona con la importancia que da la teología cristiana a la corporeidad. La Palabra de Dios encarnándose en María, que es glorificada en la Ascensión de Cristo. Tomando su lugar a la derecha de Dios Padre. Con la promesa futura, que los muertos recobrarán su identidad en la resurrección del fin de los tiempos.  

Se narra estos eventos en los libros del Nuevo Testamento: Marcos 16, 19, Lucas 24, 50-51 y en Hechos de los Apóstoles 1, 9-11. La liturgia cristiana afirma la Ascensión, en el Credo de Nicea- Constantinopla (es una declaración de fe y de dogma de los contenidos de la fe cristiana promulgada en el Concilio de Nicea (325) y ampliada posteriormente en el Concilio de Constantinopla (381)) y en el Credo de los Apóstoles. El relato de la Ascensión es breve. En el evangelio de Marcos, Jesús y los apóstoles están sentados a la mesa, probablemente en el cenáculo. Jesús les reprocha a sus discípulos, la falta de fe y la dureza de corazón. No habían creído a quienes le habían visto resucitado. Les dice: “Id por el mundo entero y anunciad a todos el Evangelio. Quienes crean y se bauticen se salvarán, pero quienes no crean se condenarán. Las señales que acompañarán a los que habrán creído serán estas: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes con las manos y si beben veneno no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos, y se curarán”. Después, Jesús se elevó al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a predicar y el Señor cooperaba, y les confirmaba los sermones con señales. Marcos 16, 14-20.

Marcos solamente describe que la Ascensión tuvo lugar y la relaciona con la glorificación del Resucitado. Llama a la Fe y la conversión, y se inicia la predicación del Evangelio. Lucas en su evangelio es aún más breve, “Entonces Jesús los condujo fuera de la ciudad, hasta cerca de Betania, y alzando Sus manos, los bendijo. Y aconteció que mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de adorar a Jesús, regresaron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el templo alabando a Dios. Lucas 24 50-53. Únicamente en los Hechos de los apóstoles se especifica que los discípulos volvieron a Jerusalén desde el Monte de los Olivos.

Es una festividad muy antigua. Aunque no existe evidencia documental de su existencia previa al siglo V. San Agustín de Hipona señaló su origen apostólico y se refirió a ella como una celebración de carácter universal en la Iglesia, desde antes de su tiempo.  Aparecen menciones frecuentes en los escritos de san Juan Crisóstomo y san Gregorio de Nisa, así como en las Constituciones apostólicas del siglo IV. La famosa viajera hispanorromana Egeria, en su libro de viaje hace referencia a la vigilia de esa festividad y a la fiesta en sí. Es posible que antes del siglo V el hecho narrado en los evangelios se conmemorara en conjunto con la solemnidad de la Pascua o de Pentecostés. Se piensa que el tan discutido decreto 43, del Concilio de Elvira (c. 300) el cual condenaba la práctica de una fiesta en el cuadragésimo (40) día después de Pascua. Esta celebración dejaba de lado y le quitaba importancia al parecer a Pentecostés que se celebraba diez días después. Esto implicaría, que por aquella época se conmemoraban juntos la Ascensión y el Pentecostés. Se encuentran representaciones del misterio, en dípticos y frescos, que datan del siglo V.

La ascensión de Cristo es un tema recurrente en un sinfín de obras de arte cristiano y abarca un periodo de mil quinientos años. Es la reafirmación de la Resurrección. La confirmación final y definitiva de la naturaleza divina de Cristo. Algo que se discutió por siglos, hasta el Concilio de Nicea. La encarnación de Dios en un cuerpo mortal. Que vivió las alegrías y tristezas de todo ser humano, en la cotidianidad de su vida oculta. Su auge como maestro, hasta tomar el lugar del cordero divino. Destinado a eliminar de la humanidad la marca del pecado original y abrir las puertas del cielo. Y su recompensa, luego del calvario y resurrección. Es por este motivo la importancia capital de esta celebración.


Publicado

en

,

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *