Llegamos al viernes de semana santa, el Viernes Santo. El día más importante del cristianismo, el día del sacrificio del cordero divino.
Luego de aceptar y entregarse a la voluntad de Dios, Jesús es detenido y encadenado por los guardias del templo. Esto es el inicio de la Pasión de Cristo. La cual se inicia con un milagro, al restituirle la oreja cercenada por Pedro, a Malco, uno de los sirvientes de Caifás.
Los apóstoles habían huido, salvo por tres de ellos. Pedro el más viejo y el primero de los discípulos. Que seguía a la turba un poco confundido por los hechos en el huerto. Juan el más joven de los apóstoles seguía a los captores que no veían en él una amenaza y finalmente, Judas Iscariote. Cuyo nerviosismo iba en aumento. Convencido de que Jesús, finalmente se revelaría como el Mesías prometido. Esperaba ansioso ver el momento de como emergía el comandante de las huestes celestiales. El que liberaría a Judea del puño de hierro romano.

La travesía a la casa de Caifás fue todo, menos cortes con Jesús. Bofetadas, golpes y algún escupitajo de los más enardecidos. A trompicones fue llevado frente del Sanedrín, que estaba curiosamente reunido en casa del sumo sacerdote. La casa de Caifás presentaba un patio delantero amplio, circunscrito por muros. En ese momento se encontraba lleno de gente y guardias del Sanedrín.
Pedro entra a ese patio para ver cómo se iban a desarrollar los acontecimientos. Con la cabeza cubierta, trataba de pasar desapercibido. De repente una mujer joven, le pregunta si no es seguidor del Nazareno. a lo cual Pedro responde contrariado y de mala manera que no lo conoce.
Mientras tanto, dentro de la casa de Caifás se desarrollaba el simulacro de juicio. Con testigos falsos que se contradecían y era tal lo improvisado del asunto, que daba vergüenza ajena. Mateo cuenta que un testigo había oído decir a Jesús “Que él era capaz de destruir el templo y levantarlo en tres días”. También lo había escuchado decir que era el Mesías.
Caifás fuera de sí, le pregunta a Jesús si eso es cierto. A lo que el maestro responde «Si. Soy el Mesías. Y un día me verás a mí, el Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios y regresando en las nubes del cielo”.
Caifás no podía creer lo que oyó. Gritó eufórico “Blasfemia”, mientras se desgarraba las vestiduras en un acto de repudio. “Ya no se necesitan más, testigos ha confesado”, ya tenía lo que deseaba, una confesión.
Mientras tanto en el patio, Pedro había visto pasar a Juan, que había entrado a la casa del sumo sacerdote. Cuando es abordado por un hombre que lo reconoce como seguidor de Jesús. Acorralado y rodeado por personas hostiles, niega por segunda vez conocer al reo que esta frente al concejo y trata de escabullirse hacia la salida. Pero una mujer le toma del brazo y lo desmiente a gritos, afirmando que si es uno de los galileos seguidores de Jesús. Lo había delatado su acento.

Pedro asustado y enfrentando a personas muy agresivas, monta en cólera, gritando y maldiciendo les dice que nada tiene que ver con el nazareno y que no sabe quién es él.
En ese instante canta el gallo y como un cuchillo que desgarra un velo, Pedro se da cuenta que se había cumplido lo dicho por Jesús unas horas antes. Y peor aún, recordaba claramente sus propias palabras de morir por él. Solo nos podemos imaginar cómo afecto ese evento al espíritu de Simón. La honda tristeza que debió sentir y como su corazón cambio para siempre, roto en mil pedazos. En un instante la angustia por negar a su maestro y así mismo lo cubrió totalmente. La vergüenza vendría mucho más tarde. En ese momento un odio sordo a si mismo creció y lo embargo totalmente. Al punto que ya nada mas dijo y salió del recinto, con la cabeza descubierta y los ojos vacíos de toda esperanza.
Juan estaba observando cómo se preparaban para llevar a Jesús, ante gobernador romano. Caifás y Anas estaban exultantes, dejarían que el Imperio ejecutase a este blasfemo y se pondría punto final a este asunto. Nadie recordaría a este carpintero de Galilea.

Pero las cosas no salieron como esperaban, Pilatos acertadamente les dijo que no tenía potestad para juzgarlo ya que era oriundo de Galilea, así que lo derivo a el rey Herodes. Los sacerdotes se llevaron a Jesús a regañadientes. Les quedaba el consuelo que había sido Herodes, quien mando a decapitar a Juan el bautista. Podrían tener suerte.
Interrogado por Herodes, Jesús no dijo una palabra. Herodes deseaba ver un milagro, pero el Maestro ni lo miraba. Aburrido por la actitud del nazareno, decreto que era un loco. Frente a la acusación de los sacerdotes, de que Jesús se consideraba rey de los judíos. El rey reacciono ordenando que le pusieran una capa blanca, en son de mofa. Dando por terminada la audiencia, Herodes los despidió sin darles la satisfacción de una ejecución.

Enojados, contrariados y desesperados de que el día avanzaba corrieron de nuevo a ver al gobernador. Le exigieron una sentencia por ser un blasfemo y un subversivo. Pilatos interrogo y encontró inocente a Jesús. Pero se enfrentaba a la furia de los sacerdotes y su sequito que piden la cabeza del nazareno. Entonces se le ocurre que sean los judíos que decidan. Era costumbre, que el gobernador en Pascua, liberase a un condenado a muerte. Les da a elegir, entre un conocido homicida un zelota sedicioso llamado Barrabas y el maestro de Galilea.
Por aclamación eligen a Barrabas y condenan a Cristo. Poncio Pilatos como muestra que nada tuvo que ver con la decisión, lava sus manos frente a la multitud y da la orden que se proceda a la ejecución, de un inocente.
Es en este momento, que la pasión cobra otra dimensión. El castigo que fue sometido Jesús, no tiene parangón en la historia romana. Ni Espartaco fue torturado con tal saña.

Fue despojado de sus ropas y azotado con látigos que poseían en la punta pequeños huesos que machucaban la carne y la cortaban, para luego ser sustituidos por unos que presentaban una pequeña bola y una especie de anzuelo cuyo propósito era desgarrar la carne.
El castigo fue brutal. Se podría decir que muy pocas áreas de la piel del Nazareno, estaban libres de daños. Luego como una broma cruel, le pusieron sobre su cabeza una corona de espinas, que se parecía más a un casco que a una cinta. Le consiguieron una vara como remedo de un bastón de mando y se inclinaban ante el en medio de bufonadas y carcajadas.
Una vez concluido el castigo, fue presentado a la multitud que enmudeció frente a la crueldad desplegada por los legionarios romanos. A Roma no le temblaba el pulso a la hora de diezmar sus propias legiones. Cuando una legión desobedecía o se acobardaba, uno de cada diez soldado era ejecutado como castigo. Se les advertía de esta manera que, si no obedecían, o se acobardaban en batalla, ese sería su destino.

Observando todo se encontraba Juan, que acompañaba a tres mujeres, a María la madre de cristo, María hermana de Lázaro y María Magdalena.
Es inimaginable lo que debió de haber sentido cada uno de ellos, en especial su madre.
Para este momento Judas se da cuenta que había entregado a Jesús para nada. No hay revelación de su poder, las huestes celestiales no se han manifestado. Y es evidente que Jesús será ejecutado. Desesperado por la culpa, cegado por el error cometido, se aleja de todo y de todos. Incapaz de perdonarse o de encontrar consuelo. Su mente desesperada, atormentada solo ve una salida. Tomando una cuerda, fijo uno le los extremos a una rama de un árbol y el otro en su cuello. Espero unos instantes tal vez oiría las trompetas angélicas, el silencio le recordó su error. Se arrojó al vacío y lo último que escucho, fue el ruido de su cuello al romperse. El sería el primero en morir ese viernes.

Jesús estaba irreconocible, su habitual tez morena estaba cubierta de sangre y su sonrisa había desaparecido, la sustituía un rictus de dolor intenso y una mirada de firme determinación.
Los romanos le trajeron el madero que debería cargar hasta la cima del Gólgota, una elevación del terreno distante unos 2600 metros de la Torre Antonia. El camino discurría por las calles empedradas de Jerusalén, hasta salir de los muros de la ciudad.
Desde ahí el camino se convertía en un sendero pedregoso y en subida. No se sabe a ciencia cierta si la cruz era entera o solo el travesaño, pero cargarlo esa distancia fue una gran proeza, dado el estado físico de Jesús en ese momento.

Los legionarios azotaban a los curiosos para que abriesen paso.
Juan y las tres Marías seguían el cortejo de ejecución ya sin lágrimas que llorar. Por increíble que parezca, el mismo hombre que pocos días atrás había entrado a Jerusalén aclamado por una multitud entusiasta, era abucheado y atormentado por esa misma gente.
La tradición dice que Jesús cayo tres veces en su camino a la cima del Gólgota. Sin embargo, estas caídas no son relatadas en los evangelios. Son de tradición oral. Aunque no llama la atención que así sucediese dado el estado lamentable de Cristo.

Tampoco aparece en las escrituras, uno de los gestos más misericordiosos que recoge la tradición, la Verónica. Después de la segunda caída, una mujer que el maestro había curado, se abre paso rumbo a Jesús. Lleva con ella un cuenco con agua y un paño, con el cual enjuaga el rostro del Nazareno.
Fue un momento de pequeño alivio. La tradición nos cuenta que el rostro de cristo quedo grabado en la tela.
Lo que si recogen los evangelios sinópticos es que el comandante de los romanos se empezó a preocupar que Jesús no llegase a la cima del monte, así que le ordeno a un transeúnte, que ayudase a Cristo a cargarla hasta la cima. Este hombre se llamaba Simón de Cirene o Cirineo.

Posteriormente muchos estudiosos de los evangelios, meditan que esta ayuda dada por el Cirineo es una enseñanza. Todos en algún momento de la vida flaqueamos y precisamos ayuda del prójimo. Pedirla y recibirla, forma parte del mensaje del Mesías.
Finalmente llegan a la cima y allí está esperando el grupo de ejecución. Cristo será crucificado junto con dos ladrones, Dimas y Gestas.
Colocándolo en la cruz se procedió a clavarlo a ella en vez de atarlo, los clavos pasaron su carne sin romperle ningún hueso. Luego se izó la cruz, con un cartel que rezaba “Jesús Nazareno rey de los judíos” esta se deslizo por en un hueco hecho en la tierra, quedando erguida. Jesús en el medio, Dimas el buen ladrón a su derecha y el mal ladrón, Gestas a su izquierda.

Se relata que Gestas le dijo a Cristo por qué no se salvaba a sí mismo, si en verdad era hijo de Dios. Dimas le responde, con justicia, que ellos son culpables, pero Jesús es inocente. Y le pide a Cristo, con arrepentimiento que se acuerde de él, cuando entre en su reino.
Cristo le asegura, que estará con él en su reino.
De esta manera se dice que el buen ladrón se robó el cielo.
El fin está cerca. Durante la crucifixión Jesús hablo siete veces.
Antes de ser crucificado dirigiéndose a Dios “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”
Luego a Dimas “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”
Mirando a su madre María “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y luego mirando a Juan “Ahí tienes a tu madre”
De pronto exclama “Padre porque me has abandonado”

La pérdida de sangre ha sido tremenda, solo atina a decir “Tengo sed”, un legionario pincha una esponja y la sumerge en vinagre dándole para que beba. Jesús bebe de ella y exclama al mundo “Todo está cumplido”. Y con su último aliento logra susurrar “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”
Y todo quedo en silencio.
El mundo enmudeció.
El cielo se oscureció y la tierra tembló.
El velo del templo se rasgó a la mitad.
Viendo esto los romanos deciden acelerar las cosas y les quebraron las piernas a los dos ladrones, pero perciben que Jesús ya había muerto y no se las rompen. Se cumple asi el mandato de no rompern ningún hueso del cordero pascual. Un centurión llamado Longino, para asegurarse, tomo su lanza y atravesó el costado del cuerpo de Cristo. De la herida salió sangre y agua, la cual cubrió los ojos del soldado y le curo la vista. Culminando la pasión con un último milagro. Eran aproximadamente las diez de la mañana.
El cuerpo fue bajado de la cruz, amortajado y puesto en una tumba nueva cedida por José de Arimatea.

Delante de la entrada se deslizo una enorme piedra circular. Así concluye el viernes. Los apóstoles están escondidos, Juan y las tres Marías acompañan el cuerpo. Pedro esta atormentado por su negación y todo parece perdido, como un rebaño que ha perdido a su pastor, el grupo de discípulos de Cristo está a un grito de dispersarse.
Este dia asi como el sábado son los únicos días que no se celebra la misa. Los fieles acostumbran hacer ayuno y evitan comer carne. En las iglesias no se ofician casamientos y los únicos sacramentos que se realizan son el bautismo, la confesión y la extremaunción. Las imágenes de cristo permanecen cubiertas. Es el día más triste del año para los cristianos a la vez que es el día de la liberación.
Como un dato curioso había dos individuos capaces de detener la pasión. Uno era San José, padre de Jesús. Probablemente un individuo aún más fuerte que Sansón, y digo probablemente ya que nunca se le puso a prueba. Era el custodio elegido de Dios para proteger al Mesías.

Amaba con locura tanto a la Virgen como al Niño, fue su protector y maestro en el oficio de la carpintería. Es por este motivo que cuando Jesús cumple 20 años, Dios lo retira del mundo.
El otro individuo, es un ángel. Satanás si hubiese tenido la certeza que el Mesías era Cristo y no un gran maestro y profeta como pensaba, hubiese detenido la pasión. Nunca paso por su mente hasta que la muerte de Cristo abrió las puertas celestiales, cerradas desde el pecado original. La sorpresa e ira de ese evento debió de ser catáclismica. Sobre todo, por la colaboración del infierno en la tortura de este justo. Fueron participes involuntarios de los designios divinos.
Hoy es la tradicional recorrida de las siete iglesias, recordando el Via Crucis de Cristo. Mañana sábado se recuerda la soledad de la virgen, un día dedicado a la profunda reflexión y meditación sobre la perdida y la muerte.

Deja una respuesta