Jueves: El Huerto de Getsemmaní

Hoy es jueves santo y se cierra el ciclo cuaresmal.

El ciclo cuaresmal es el periodo de seis semanas previas a la Pascua, dedicadas a la purificación e iluminación interna. Al concluir se inicia el Triduo Pascua. El cual hace referencia a los tres días de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La expresión triduo pascual se remonta a la década del 30, del siglo XX. En tiempos históricos no hace mucho tiempo. Sin embargo, en el siglo IV san Ambrosio se refería a estos días como, Tridiuum Sacrum. Mientras que san Agustín lo hacía como Sacratissimun Tridiuum.

LITURGIA

Lo que se celebra este día tiene una gran importancia litúrgica en todas las iglesias cristianas y sobre todo en la iglesia católica. Todo el ritual está lleno de simbolismo.El día inicia muchas veces con procesiones que salen de la iglesia llevando a la eucaristía en su ostensorio.  O diferentes imágenes que recuerdan lo sucedido el viernes santo.

En las iglesias, el sagrario (donde se guarda la eucaristía) del altar mayor permanece con la puerta abierta y el altar esta sin flores. Al celebrarse la misa, el sacerdote oficiante viste totalmente de blanco, sustituyendo al morado. Se inicia con un Gloria, las campanas repican y una vez que callan, no volverán a sonar hasta el domingo de Resurrección.

Las lecturas son generalmente sobre, el éxodo, la ultima cena y la humildad. La misa concluye, pero no se bendice a la congregación, ya que va a continuar el viernes santo. Mientras que un seglar (es decir un miembro de la comunidad no ordenado, un laico), va relatando con voz fuerte y clara sobre lo que trata cada oficio y lo que sucederá a continuación. Es él quien anuncia que la misa ha concluido.

La eucaristía, es decir el pan ya consagrado, no se guarda en el altar mayor, se le deje en un altar auxiliar o monumento. Mientras los sacerdotes vestidos con estolas moradas proceden a la demudación de los altares, donde se retiran candelabros y manteles. Y se lavan los altares estrujando racimos de uvas sobre ellos.

Es el día donde el clero renueva sus votos y tiene lugar la ceremonia del lavado de pies. En Roma el Papa le lava los pies a doce cardenales o sacerdotes. Aquí el Obispo le lava los pies a doce sacerdotes o novicios. Esto recuerda lo hecho por Jesús a sus apóstoles, es una ceremonia de humildad y servicio.

En las parroquias, el sacerdote hace lo propio con doce creyentes frente a la comunidad reunida. Antiguamente los reyes ingleses lo hacían con doce mendigos, práctica que cayó en desuso y se suplanto con una limosna en monedas, que daban a tantos pobres como años tenía en monarca.  

Por último, se celebra la Hora Santa, la vigilia del santísimo sacramento que se hace durante toda la noche en espera del viernes santo y que recuerda la vigilia de los apóstoles en el huerto. Esto que se resumió sucintamente, forma parte fundamental del corazón del cristianismo. Repasemos que nos cuentan los evangelistas al respecto.

LA CENA

Luego que Judas Iscariote se retirara, se procedió a la cena pascual. Esto se hacía en conmemoración de la décima y más terrible de las plagas de Egipto. Para evitar que el ángel exterminador matase al primogénito de la casa, se debía de sacrificar un cordero y con su sangre marcar la puerta de entrada.

Luego de un ayuno, la cena pascual consistía en un cordero no mayor de un año al cual se debía de consumir totalmente su carne y no romperle ningún hueso. Acompañado por panes ácimos, sin levar.

Después que cenaron Jesús tomo el pan y el vino compartiéndolo con los apóstoles diciéndoles que eran su carne y su sangre. Que él era el cordero de la alianza nueva y eterna entre Dios y los hombres. Quedando así dispuesta la consagración de la Eucaristía.

Luego les impuso un nuevo mandamiento.  El que se amasen unos a otros, como él los había amado. Hizo sentar a Pedro que para ese entonces era un manojo de nervios, en su mente resonaba lo dicho por el maestro de su triple negación, eso lo angustiaba. Jesús traía consigo una palangana y tela (toalla) y se arrodillo frente a él con la intención de lavar sus pies, algo muy común en la antigüedad y que la Biblia lo recuerda en varias oportunidades. A Pedro casi le da un infarto, eso era propios de sirvientes. Era él quien debería lavarles los pies al Maestro. Luego de tranquilizar a Pedro, le lavo los pies y para borrar las sonrisas de los otros apóstoles, hizo lo propio con cada uno de ellos. Esta escena es un tema muy representado en el arte sacro occidental.

Jesús transmitió de forma contundente y hermosa el concepto de humildad y servicio.

EL MONTE DE LOS OLIVOS

Luego el maestro decide ir a orar. Acompañado por sus discípulos va al Huerto de Getsemmaní a las afueras de la ciudad. Era un monte de olivares donde habitualmente iba buscar paz donde orar. Les pide a los apóstoles que le den privacidad y se aleja unos veinte metros de ellos. Antes de alejarse les dice que se mantengan alertas y oren con él. En la soledad de ese monte Jesús ora y medita sobre lo que le espera. Es aquí donde se nos revela el lado más humano del maestro de Galilea.

Él es un ser humano, nacido de una mujer y que estaba perfectamente en sus cabales. No deseaba para nada morir. Tal era su angustia que Lucas (que era medico) relata que grandes escalofríos recorrían su cuerpo haciéndolo temblar incontrolablemente, sudaba sangre y su rostro estaba surcado por una honda preocupación. Jesús deja de orar y vuelve a ver a los apóstoles. Grande es su sorpresa y aun mayor es su tristeza a verlos a todos dormidos. Y les recrimina que no son capaces de velar con él, en esa hora amarga. Lo vieron en ese estado lamentable y se despabilaron. Hay una condición médica donde la persona sujeta a un gran stress, puede sudar sangre a través de los poros mezclado con sudor, al romperse los capilares de la piel a causa de la gran tensión.

Jesús retoma su meditación, lo que va a vivir le pesa en su corazón. Lucas cuenta que un Ángel vino a consolar a cristo en ese momento de duda, donde sus contrapartes humana y divina estaban en pugna. Finalmente se entrega a la voluntad del padre, diciendo “Padre aparta de mi ese cáliz, mas no se haga mi voluntad si no la tuya”. Ya se había decidido, toda duda había sido erradicada. En ese momento el nombra a Dios como “Abba”, una muy cariñosa y familiar forma, con la que los hijos se referían a sus padres. Mas repuesto se incorpora y ve antorchas entre los árboles y un gentío que se acerca.

Los Apóstoles también las vieron y están todos alertas, el maestro se acerca a ellos. Guardias del templo con Judas a la cabeza se acercan.

Al llegar, la turba era numerosa. Los guardias que la encabezaban, estaban armados . Varios hombres llevaban garrotes y palos como elementos disuasorios.  Judas ve a Jesús. Abraza al maestro y le besa. Jesús le mira y le dice “Con un beso entregas al hijo del hombre”

Era la señal acordada, para indicar a la guardia, que ese hombre era al que buscaban.

Esto es relatado así por los sinópticos, con pequeñas variaciones, sin embargo, Juan nada dice de un beso. El relata que se acercaron y a los gritos preguntaron ¿quién era Jesús de Nazaret? Cuando Jesús dijo, “Yo Soy” todos cayeron al piso como abatidos por un vendaval.  Se levantaron y preguntaron por segunda vez a lo que el maestro les indico que era él y que dejaran libre a los que lo acompañaban. Ya que como buen pastor no iba a perder ninguna de sus ovejas.

Se abalanzan sobre él y le colocan cadenas. Aquí es cuando Simón Pedro cae en la cuenta de lo que estaba pasando y sin pensarlo (obviamente) de un tajo le corta limpiamente la oreja derecha a uno de los sirvientes de Caifas, llamado Malco. Y estaba pronto para seguir, cuando un contrariado Jesús le mira y le dice “Envaina tu espada, ya que al que hierro mata a hierro muere” y tomando la oreja se la vuelve a pegar en su sitio “¿Pretendes acaso que no beba del cáliz, que mi padre me ha dado?”

Pedro confuso, obedece. Aunque no estaba tan confundido como Malco, que no dejaba de tocarse la oreja.

Otro que estaba nervioso y expectante era de seguro Judas Iscariote. Los motivos ya lo vimos anteriormente.

Los guardias aprenden a Jesús y lo llevan a ver a Caifás, los apóstoles ponen tierra de por medio y desaparecen sin dejar rastro. Pedro sigue a los hombres del templo, sin tener un plan en su mente. Juan les sigue también, era un muchacho imberbe a quien nadie veía como una amenaza.  Judas iba adelante pero detrás de Jesús, esperando que este revelara su poder. 

Al este, un amanecer teñido de rojo, anunciaba el inicio del viernes

Antes de juzgar demasiado severamente a los apóstoles y su desaparición de la escena; tengan en cuenta que Cristo les había conseguido que no los apresasen. Les había dicho que a donde él iba, ellos no podían ir. En el caos reinante Pedro desenvaina una espada, sin saber si había romanos o no entre los guardias del templo. Una acción que se pagaba con la muerte.

Aquel que este libre del miedo, que deje de correr.

Mañana veremos, el viernes santo, el día de la Pasión.


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