Miércoles La traición de Judas

Hoy es miércoles santo y estamos a las vísperas del Triduo Pascual. El día de hoy la mayoría de las confesiones cristianas recuerdan y meditan sobre la traición de Judas. Todos los evangelistas especulan sobre lo ocurrido esas horas, entre que Judas se retira de la última cena y el momento del beso en el Huerto de Getsemaní.

Los evangelios fueron escritos mucho después de lo sucedido esa noche, ¿cómo sabemos que son exactos?  Los estudiosos de la biblia afirman que los evangelistas para ese entonces ya habían recibido la bendición del espíritu santo, por lo tanto, lo escrito es inspiración divina.  Al parecer Judas esperaba el momento más oportuno para entregar a Cristo, una vez descubierto por el Mesías, sale sin hacer ruido de la reunión pascual.  Se dirige al templo a reunirse con el Sanedrín. Este era un consejo que nucleaba a la máxima autoridad religiosa y oficiaba como corte máxima de justicia, con respecto al pueblo judío. Estaba compuesto por un mínimo de 23 jueces y un máximo de 71. Realizaba sus deberes en el templo, solo descansaban los viernes y en las festividades.

Este último detalle es interesante. Ya que el templo estaría vacío, salvo por la guardia del templo. Entonces ¿A dónde fue Judas?  Se dirigió a la casa del sumo sacerdote Caifás. Caifás había ascendido al rango de sumo sacerdote en el año 18 d.C. a instancias del procurador romano de Judea Valerio Grato. Cargo que dejo en el año 36, destituido por el procurador Vitelio. Estaba casado con la hija de Anás, un ex sumo sacerdote que había oficiado en ese cargo entre los años 6 al 15 d.C.  lo cual lo convertía en un sacerdote muy influyente en el Sanedrín.

Caifás era líder de los saduceos, una secta que no aceptaba la resurrección de los muertos, a diferencia de los fariseos.  Al enterarse de la resurrección de Lázaro por Jesús, cundió el pánico entre los sacerdotes de la secta. Es aquí que tiene lugar una asamblea extraordinaria del Sanedrín.

Aunque no estaba completo, en ella se decide (y Anás tuvo mucho que ver en el veredicto) buscar la manera de eliminar a Jesús de Galilea. Caifás los resume muy bien «Conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación».  Es entonces que se piensa en reclutar alguien cercano a Cristo para llevar a cabo la tarea. No un asesinato. Se planeó una acusación sin fundamento seguida de juicio falso y así condenarlo públicamente. Con suerte el rey Herodes haría el trabajo sucio de la ejecución.

Muchos aluden que Judas traicionó a Jesús por dinero. No se sabe a ciencia cierta qué tipo de monedas de plata eran las que le pagaron a Judas. Si tenemos en cuenta que en el templo solo circulaban los ciclos, estas serían la elección más acertada.  Sin embargo, para no levantar sospechas que el pago fue hecho por el Sanedrín, lo habrían hecho en monedas imperiales. Entonces hay cuatro posibilidades. El siclo de plata, los estateros de Antioquia, los tetradracmas o los denarios romanos.

Las tres primeras valían casi lo mismo. Su peso oscilaba entre los 9 a 17 gramos de plata (unos 5 a 9 dólares actuales), los denarios eran de unos 4 gramos (2 dólares). Teniendo en cuenta que por aquella época un legionario romano ganaba al año 400 denarios o 100 tetradracmas (unos 400 dólares actuales) lo cual no es un buen precio, por entregar al Mesías y Maestro a los sacerdotes. Me podrán argumentar que Judas estaba ciego y sordo, poseído por fuerzas demoníacas y por eso accedió. Es posible, pero una explicación más humana encaja mejor.

Judas estaba a cargo del dinero del grupo, según los evangelistas con esa bolsa se pagaba el alojamiento y la alimentación, de Jesús y sus acólitos que eran bastante más que los doce. Llevaba encima mucho más que 30 míseras monedas de plata. El dinero no fue el motivador de su traición. Lo fue su fe, en que Jesús era el Mesías.

Se sabe por los evangelios apócrifos que Judas era probablemente un zelota sicario, un extremista entre extremistas. Odiaba con pasión a los romanos y por supuesto al sumo sacerdote y sus lacayos, nombrado por el poder imperial. No trataría con ellos, salvo que sirviesen a la causa. El creía firmemente que el Mesías prometido era un comandante militar. Como lo fue en su momento, Judas Macabeo contra los seléucidas.

Sabía que Cristo poseía un poder nunca antes visto ya que había sido testigo de muchos milagros. Con eso en mente fue tomando forma su plan. El sería el responsable de que Cristo revelase toda su gloria. Lo obligaría en cierta manera, a manifestar la totalidad de su poder. Haría que las huestes celestiales se precipitaran sobre Jerusalén y arrasasen con toda la iniquidad romana y de los traidores entre el pueblo elegido. Lo haría, entregándolo a los odiados sacerdotes y cuando estos fueran a castigarle, Dios enviaría a sus ejércitos a poner fin a tan bárbara injusticia.

Cobraría la recompensa y luego se la daría a los pobres o le daría cualquier otro uso piadoso. Estaría presente en medio de todo, cuando por fin los judíos fueran liberados. Como cuando el pueblo judío cruzó el mar rojo guiado por Moisés. Era por eso, que se celebraba la Pascua y gracias a él se celebraría doblemente.

Posiblemente en eso estaba pensando, cuando coordinó la entrega de Jesús con Caifás.  Se lo entregaría en la madrugada, en el huerto donde sabía que cristo iba a rezar. Acompañaría a la guardia del templo para señalar al Maestro con un beso en la mejilla. Todo fue planeado con algunos pocos miembros del Sanedrín, ya que era Pascua y la mayoría de los sacerdotes estaban descansando, en sus respectivos hogares. Salvo los conjurados saduceos y algunos fariseos al mando de Caifás y Anás.

La ansiedad de Judas de seguro fue tremendamente intensa, estaba a pocas horas de presenciar la furia divina, algo que no se veía desde hacía mucho tiempo.  De conocer el verdadero rostro del Mesías. En su corazón estaba seguro de estar haciendo lo correcto.

Salvo por el detalle que al parecer no presto mucha atención a los sermones de Cristo. Quizás muy ocupado en sus deberes de tesorero. No se percató del mensaje de paz de Jesús. De que su reino era eterno y no terrenal. Por supuesto que sería testigo del poder de Jesús, pero no de la manera que Judas esperaba y deseaba. Se avecinaban para Judas Iscariote, horas muy amargas y de desesperación. Que lo llevarían al terrible desenlace final de su vida. Ya que ese día no morirían tres personas, serían cuatro.

Mañana es jueves santo y se inicia el Triduo Pascual. La noche previa a la pasión de Cristo


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