Este raro caso se dio en vísperas del siglo XX. Todo aconteció en Paris, Francia en 1889 en la gran exposición universal. La misma había abierto sus puertas el 6 de mayo y culminaría el 31 de octubre. En concordancia con el centenario de la toma de la Bastilla el acontecimiento considerado como el símbolo del comienzo de la Revolución Francesa. Esta exposición marcó un momento culminante, nuevas concepciones en la construcción y nuevos adelantos en la industria se unieron para darle a la Exposición una importancia mundial. El símbolo principal fue la Torre Eiffel completada a principios de 1889 y que servía como arco de entrada a la Feria.
La primera exposición universal fue en 1878 once años antes, el avance y progreso entre una y otra es tan abismal que los visitantes se sentían sobrecogidos, impactados y maravillados. El Palacio de las Maquinas y la torre Eiffel fueron las atracciones principales, tal fue su convocatoria que aún no ha sido superado. La Exposición cubrió un área total de 96 hectáreas, incluyendo el Campo de Marte, la estación de Orsay, parte del rio Sena y la explanada de los inválidos. Había todo tipo de atracciones, pabellones de diferentes países y exposiciones de todo lo imaginable. París era el destino obligado en 1889, se estima que varios millones de personas visitaron la exposición , tengan en cuenta que 1.953.000 visitaron la torre Eiffel durante la exposición alrededor de 12.000 personas al día.

Entre esos visitantes que llegaban a la ciudad luz se encontraban la señora Gladys Homesley y su hija Mildred, ambas británicas que venían de un viaje a la India, a disfrutar de la exposición. Se alojaron en la habitación 342 de un lujoso hotel parisino y se dispusieron a salir a conocer lo que ofrecía la ciudad. De repente un terrible dolor de cabeza asalto a la madre de Mildred, que fue aumentando en intensidad al punto que hubo de consultar a un doctor. Cuando este llego Gladys estaba inconsciente y volaba de fiebre. Luego de auscultarla, el médico le pidió a Mildred que fuese a su consultorio a las afueras de París, con una prescripción para su ayudante de una medicina muy específica. La mujer alquilo un carruaje del hotel y partió en búsqueda de la medicina para su madre.
EL MISTERIO
La tarea no fue nada fácil ya que el consultorio estaba a un par de horas de distancia del hotel, al llegar el consultorio estaba cerrado ya que el ayudante había ido a almorzar. Luego de localizarlo un extrañado ayudante, le entrego a una cada vez más nerviosa Mildred el medicamento que pedía la receta, ya eran casi las dos de la tarde y faltaba desandar el camino. Luego de varias horas llego al hotel a la tarde. Muy nerviosa le pide al conserje la llave de su habitación y este le da la numero 213. Extrañada le dice que ella está alojada con su madre en la habitación 342.
El conserje revisa su libro y le muestra a Mildred que ella se había registrado sola y que solo aparecía su firma. Con los nervios a punto de estallarle, exige ir a la habitación donde había dejado a su madre con el médico. Al llegar la habitación esta era totalmente diferente, el mobiliario y sus cuadros nada tenían que ver a lo que ella recordaba de la mañana. Además, estaba ocupada por la familia Leroux hacia días. Desesperada encuentra que su baúl de viaje estaba en la habitación 213 pero sin rastro del baúl de su madre.

Es entonces que pide la intervención de la policía y de inmigración, los cuales no encuentran ningún rastro del ingreso de Gladys al país. Consulta al consulado y este le informa que, en los registros aduaneros, solo figura ella. Esto es demasiado para el sistema nervioso de Mildred que colapsa totalmente. De tal gravedad es el colapso, que es evacuada a Londres. Mildred sabe que no está loca, y no duda ni por un minuto que su madre estaba con ella en París. Sin embargo, todo indicaba lo contrario.
EL DOCTOR BELL
Y la historia hubiese concluido aquí, con una mujer que había alucinado todo un viaje con su madre, algo curioso y poco probable. Sin embargo, ella sostenía que algo no estaba bien. Es aquí que un afamado medico el doctor Joseph Bell se entera del caso y decide investigar. Este hombre poseía unos dotes deductivos asombrosos y con ayuda de Scotland Yard pudo resolver el misterio tras la misteriosa desaparición de la madre de Mildred. En él, años más tarde basaría su personaje de Sherlock Holmes, sir Arthur Conal Doyle.
Bell recreo el viaje y encontró pruebas que ambas mujeres habían partido de la India juntas con destino a Paris. Lo que sucedió después es realmente increíble. La mujer fu efectivamente atendida por un médico que inmediatamente se dio cuenta que padecía de peste bubónica. Una enfermedad muy contagiosa que había contraído en la India. Con una velocidad increíble de pensamiento se dio cuenta que si la noticia trascendía el pánico cundiría por la ciudad, así que en secreto contacto a las autoridades francesas.

En un acto de celeridad pocas veces visto, las autoridades decidieron un plan de acción con una ejecución impecable. Gladys falleció a los pocos minutos que Mildred salió a buscar el supuesto medicamento (o por lo menos así se cuenta), la noticia vaciaría París y condenaría al fracaso a la exposición mundial, quedando como una mancha en el honor francés. Así que se desapareció el cuerpo y sus pertenencias, borraron todo rastro de la entrada de Gladys al país, y montaron la farsa del hotel mientras que el medico desaparecía, como un mal recuerdo. Todo eso ejecutado en tan solo cinco horas. De esta manera se salvaba a la exposición y la única víctima seria la joven Mildred, a la cual catalogaron como una podre demente.
Al descubrirse todo el embrollo la exposición ya había concluido. El daño había sido evitado y por suerte no hubo ningún otro caso de peste. El caso recibió poca prensa en Francia y una disculpa completamente ridícula hacia Mildred, que no pudo recuperar el cuerpo de su madre y no se sabe si recibió algún tipo de compensación, solo la intervención del Dr. Bell le dio la razón de su cordura.

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